Experiencias: "Para que la alegría", por Laura Forchetti.

TALLER INTEGRADO DE PLASTICA Y POESIA
“Para que la alegría”
Coordinadoras: Anahí Felipe y Laura Forchetti
Grupo: 6° B
Fecha: 5 de octubre 2015


-¿Qué es la poesía? – pregunto después del saludo, de la presentación del Festival y de su logo con cartel en alto.
- Eso con estrofas – dice una nena.
-Y rima – agrega alguien.
-Acá tengo – dice un varón del primer banco y saca dos papelitos rojos y amarillos de los chocolates Dos corazones -¿Te los leo?
- Sí, dale.
Lee unas rimas amorosas, medidas y rimadas.
-Ahí tenemos una forma de la poesía, pero la poesía es como las golosinas, hay de todos los gustos, formas y colores – no sé por qué se me ocurrió la comparación kiosquera, tal vez por los Dos corazones.
Y entonces conversamos un poco más de poesía, de rima y de no rima, de las canciones y de los versos.
Presento a Calveyra, una fotografía y su nombre de entrerriano que vivía en París.


En el pizarrón colgamos uno de los poemas de Cartas para que la alegría.
Nos demoramos un instante en ese título.
-Para que la alegría sea realmente alegre –dice una nena.
Pensamos la idea de la carta hecha poema.
Antes de leer miramos la forma, lo que no parece (poesía), la manera de texto en prosa, las líneas largas.
Leemos, varias veces, distintas voces.
No hay estrofa, no hay rima, no hay medida.
Hay música.


Leemos una y otra vez, verso a verso. Nos detenemos. Cantamos el pasará pasará y la ronda de la lluvia.
Conversamos de las goteras y de la lluvia en las chapas, del Lobo echado en la puerta – Lobo como el perro de mi abuelo- dice alguien.
De la gallina que entra, las alas abiertas.
Aquí aparecen ideas diversas: que si entra y se echa, que si viene con la fila de pollitos jugando al Martín Pescador, que si cacarea y llama.
Y las tortas fritas los días de lluvia, gotas en el sartén –Mi abuela hace buñuelos –dice una nena- con pasas de uva.
Que la cocina es el Arca de Noé lo dice Lorena, allí todos los animales de la casa, el refugio.

Aparece la palabra “metáfora”, les cuesta pronunciar: me tá fo ra.
Leemos otros versos de Calveyra del mismo libro.
Cada verso anima imágenes que se multiplican y crecen. A medida que leemos los versos, más se multiplican las imágenes.
Me sorprendo con ideas precisas de esos versos que nunca se me ocurrieron.
Momento de intensa poesía. Les gusta el misterio de los versos de Calveyra, pensar en ellos, tratar de descubrir algo o quedarse así, en ese misterio, ese suspenso, como cuando dice: Kikirikí grita una hierba entre los dos pulgares y hasta aparece el juego de la pestaña entre los pulgares para pedir un deseo.
Después  Anahí invita al trabajo desde la plástica: propone metáforas visuales a través de collage.


Explica y muestra ejemplos variados  y hasta aparece un cuaderno propio, un cuaderno en el que Anahí está trabajando ideas –metáforas visuales- sobre el tiempo, collage inspiradores y oníricos.
Entonces las revistas, las hojas, las tijeras, la plasticola.
Van apareciendo la luna como un cometa, las margaritas que la muchacha se sube a la cara, el yuyal crespo, el globo perdido, los cielos, el sol que corre y la noche.
No nos alcanzan las dos horas del lunes.
 -¿Cuándo volvés? –me preguntan.



Yapita: Después de leer el poema: No te dije de la luna. La luna es lo más alto. Cuando la mirábamos, ¿por qué hacíamos retemblar el índice sobre el labio hasta provocar un beruberu de acompañarla?....... después de hablar de la luna atada al pino, plateada y compañera, uno de los pibes dice: - Una vez me quedé mirando la luna así, como traumado.






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