"Poesía para chicos: la cajita de música de la literatura infantil", por Daniel Gigena para La Naciòn


Hay un florecimiento de este género en nuestro país; prácticamente es la puerta de entrada de los más pequeños al mundo de las letras; además, es un ámbito de creación en el que conviven autores e ilustradores


Foto:Ilustración Eva Mastrujillo

Existe en la Argentina un florecimiento de la poesía para niños, que viene de la mano de poetas, ilustradores, editores, docentes y lectores. Con el impulso del mercado de libros para chicos, la poesía, hermana menor de la narrativa en cuanto a producción y ventas, se perfila como el cisne de la historia del patito feo.

Pero la poesía para chicos no es un fenómeno que haya caído del cielo; tiene en la Argentina una tradición fuerte. De María Elena Walsh a Silvina Ocampo, de Alfonsina Storni a Elsa Bornemann, pasando por Gustavo Roldán o Ezequiel Zaidenwerg, los escritores trabajaron un género en apariencia sencillo, con resonancias del lenguaje popular y la cultura letrada. La escuela, como agente de mediación fundamental, hace lo suyo. Desde 2010, el Festival Poesía en la Escuela (con página en Facebook), coordinado por Marisa Negri y Alejandra Correa, acerca la poesía a escuelas y bibliotecas populares con lecturas, talleres y publicaciones.

"Hay un boom de libros de poesía para niños -afirma Roberta Iannamico-. En parte por el auge del libro-álbum, que combina textos breves y potentes con ilustraciones de artistas no estereotipadas, que siguen su propio camino en la construcción de sentido. Observo que estos textos, más bien narrativos en las primeras publicaciones, fueron virando hacia lo poético. Como si las ilustraciones cada vez más experimentales y novedosas fueran pidiendo ser acompañadas por textos que también tuvieran esa libertad", razona la autora de Ris Ras.

"Y la poesía trae más poesía. En los últimos años comenzaron a publicarse todo tipo de libros de poesía para niños, que incluyen desde los formatos clásicos, coplas, limericks, hasta poéticas desopilantes y únicas como la de David Wapner o poemas de un lirismo extremo, como los de Laura Forchetti y Laura Witner", añade.
Cuando el texto suena...

"La poesía siempre fue territorio de grandes creadores, aunque no siempre encontró acompañamiento en el mercado editorial y, a menudo, le cuesta llegar a los lectores -dice María Luján Picabea, licenciada en Comunicación y autora del flamante Todo lo que necesitás saber sobre literatura para la infancia-. Ha ido ganando terreno de la mano del llamado libro-álbum, que es una apuesta estética en la que se conjugan distintos niveles de lectura y de interpretación de imágenes. Cuando la sonoridad de la poesía logra ensamblarse con ilustraciones lo suficientemente expresivas se consiguen obras magnéticas para los niños y también para los adultos."

Picabea destaca que en nuestro mercado existen numerosas ediciones para atesorar. Desde los libros de Mágicas Naranjas, El Eclipse, Aerolitos o Planta hasta los de Pequeño Editor y Una Luna, pasando por las ediciones para niños del Fondo de Cultura Económica o las de Calibroscopio, con sede en la ciudad de Buenos Aires.

En 2014 se sumó Libros Silvestres, de Rosario, que acaba de publicar un poemario de Diego Colomba, Chispero, una serie de ingenios verbales sobre animales y cosas. El libro de Colomba, como muchos hallazgos, comenzó como un entretenimiento: "Me puse a jugar respetando la métrica 5-7-5 y escribí unos cincuenta haikus acriollados. Con un tono campero, a los «jaikus» los rebauticé ocurrencias, que sugiere la idea de apariciones", cuenta.

Libros Silvestres publicará en 2016 otros libros de Verónica Laurino, Analía Giordanino y Nicolás Doffo. "Jugué con algunas rimas y métricas más regulares. Sin embargo, el diccionario que utilizo, la sonoridad de las palabras, las escenas infantiles que recreo, la atención a la naturaleza, la «forma sencillista», el tono melancólico más o menos velado están en mi poesía en general, sin distingos de ningún tipo. La violencia, la muerte, la declinación no son temas ajenos a la infancia, como tampoco la pasión, la sensualidad o la riqueza del mundo que chisporrotea", dice Colomba.



 


Fotos: Roberta Iannamico, Diego Colomba, Laura Forchetti

Ruth Kaufman, coeditora de Pequeño Editor, uno de los sellos locales de mayor calidad y encanto, comenta: "El florecimiento de la poesía... Suena lindo, ¿no?, como que ves la frase literal. Hace años, cuando arrancamos con Pequeño Editor, era más difícil publicar poesía para niños y más difícil todavía si esa poesía tenía, por decirlo de alguna manera, procedimientos ligados a las vanguardias. Ahora, alegremente, hay varios sellos pequeños de libros para niños que publican ese tipo de poesía".

"De lo reciente me encantan Tus ojos, de Eduardo Abel Giménez, con ilustraciones de Cecilia Alfonso Esteves, publicado por Calibroscopio, y Qué lindo, de Iannamico, publicado por Zindo & Gafuri. También dos libros de poemas que publicamos en Pequeño Editor: Una casa bien abierta, del autor brasileño Pessoa Rosa con ilustraciones de Claudia Legnazzi, y Pájaros, de la chilena María José Ferrada con ilustraciones de Fito Holloway", señala.

Recientemente, Kaufman ganó en México el premio Sor Juana Inés de la Cruz en la categoría poesía para niños con un inédito extraordinario: Las onomotobellas, que reúne textos creados a partir de esos "ruidos del habla": Shhh, Bla bla bla, Ju ju ju o ¡Puaj! ("No hay alegría/como la de hincar el diente/ en tu corteza crujiente/ crunch crunch/ para todos.// Siempre").

Leer con las orejas
La poesía, por su sonoridad, abraza y cobija a los niños en la primera infancia. "La escritora colombiana Yolanda Reyes dice que los bebes y niños pequeños, así como los poetas, leen con las orejas -comenta Picabea-. En los primeros años de vida la lengua es puro sonido que acaricia, acompaña, alerta o convoca al juego."

Kaufman coincide: "La relación de los chicos y la poesía arranca en la cuna. Es el primer género que frecuentan. Antes que narrativa, los niños y las niñas oyen poesía. La poesía sigue circulando oralmente, tiene una transmisión en la que no intervenimos los adultos ni los libros. A mí me fascinan los juegos de manos con rimas. Generalmente son nenas las que juegan a decir una poesía mientras siguen el ritmo con una coreografía de las manos y, a veces, de todo el cuerpo. Es como una performance".

Hilda Fernández, coeditora con Gustavo Gottfried de Mágicas Naranjas (el nombre de la editorial se esconde en un poema de Diana Bellessi), ha editado poemas de Arnaldo Calveyra y Jorge Leónidas Escudero, entre otros poetas locales. Cuando pensaron en el catálogo de su editorial, quisieron acercarles a los más chicos los poemas de grandes autores argentinos.

"Con el poeta Osvaldo Bossi realizamos la selección de autores y poemas. Fue así como surgieron los nombres de Bellessi, Alicia Genovese, Irene Gruss, María Teresa Andruetto, entre otros. Escogimos textos luminosos, llenos de imágenes. Luego pensamos en los ilustradores, quienes recrearon esos paisajes en tinta, acuarela, papel. Cada uno con un estilo único", sostiene Fernández.

Un poema es, para estos editores, como una cajita de música. "Los chicos tienen una relación muy particular con el lenguaje, cercana a la que tiene el poeta. Andan nombrando las cosas del mundo por primera vez y eso hace que estén alertas, en asombro permanente, abiertos a nuevos nombres y a nuevas formas de decir las cosas de todos los días", dice Fernández.

Según Picabea, vivencia es la palabra clave para la relación de los chicos con la poesía. "Porque es imposible transmitir el gusto por algo que no se aprecia". Para los adultos, existe un deber ser que exige a los niños a leer o apreciar el arte, el teatro, la música, aunque a veces ellos mismos no lo practiquen con frecuencia. "Si tomo un libro de poesía y leo en voz alta en el living de mi casa, ¿cuánto tiempo crees que pasa para que mi hija de cinco años se acerque a escuchar? No mucho. De eso se trata, de compartir esas vivencias con los niños, de ser generosos con ellos, de involucrarlos, tenderles un puente."


Diez títulos de ayer, de hoy y de siempre
1) Canto escolar, De Silvina Ocampo

2) Tutú Marambá (Sudamericana), De María Elena Walsh, con dibujos de Vilar

3) Traveseando (Planta Editora), De Ricardo Zelarayán, con ilustraciones de Guillermina Baiguera

4) De espuma y de mar (Aerolitos), De Alfonsina Storni, con ilustraciones de Azul De Corso

5) Peras (Mágicas Naranjas), De María Teresa Andruetto, con ilustraciones de Florencia Tabbita

6) La escafandra (Poesía Joven/Mágicas Naranjas) De Patricio Flogia. Imágenes de Otto Passenheim y María Chinnici

7) Sinsentidos comunes (Bajo la Luna). De Ezequiel Zaidenwerg, con ilustraciones de Raquel Cané

8) Arrorró (Pequeño Editor). De Ruth Kaufman, con ilustraciones de Cristian Turdera

9) Qué lindo (Zindo & Gafuri) De Roberta Iannamico

10) Chispero (Libros Silvestres) De Diego Colomba, con ilustraciones de Laura Oriato


La Nación.

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