Militantes de la poesia y de la vida, por Noemí Fiumara


Cuando el Festival propuso homenajear a Alfonsina Storni, recordé mi primera lectura de la infancia de su tan conocido y renombrado poema “Tú me quieres blanca”: recuerdo la sensación de estar leyendo un poema de palabras excesivamente correctas y de una profunda frescura aún en su despliegue de queja. Y con ese espíritu transgresor, recuperé la lectura de su poética desde mi hoy y mi rol docente de escuela media.


Así es que armé nuestra propia antología poética de Alfonsina. Propuse a mis alumnos leerla desde los diferentes paisajes que sus poesías recrean: la Buenos Aires de comienzos del Siglo XX, los roles femeninos y masculinos de la época, el retrato de su familia y amigos poetas/escritores, la naturaleza con su mar y sus flores, el amor y el desamor, usos y costumbres, sus tonos irónicos y subvertidos de lo políticamente correcto, el simbolismo y la metatextualidad poética. Y como un rompecabezas, a partir de su lectura, comentamos y rearmamos la vida de la poeta. 

Avanzado ya el trabajo, llegó la hora de escribir de la mano del TALLER DE POESÍA, a cargo de la poeta Maricel Santin (Ver aquí).

A los días, se vino el segundo Taller de Poesía, de la mano del poeta Miguel Martinez Naón, donde nos centramos en la figura poética de uno de los invitados al Festival: Alberto Szpunberg. 
El Festival tiene una magia: cuando la poesía comienza a circular aparecen esos hilos que vienen del más allá, o del más acá, vaya uno a saber, que traen nuevos hilos que completan historias. Así fue como la alumna Tania, nos contó que la mejor amiga de su mamá es la hija de Masetti, de Jorge Ricardo, quien fuera fundador y primer director de la agencia de noticias cubana Prensa Latina, quien además estuvo al frente del Ejército Guerrillero del Pueblo y, por sobre todas las cosas, quien fuera gran amigo de la vida de Alberto Szpunberg. El Taller con Miguel nos regaló, entre otros, estos poemas:
Él quería decirle que, algún día, se sentará ella a la mesa…
Él querría decirle que, algún día se sentará ella a la mesa
Y Será él quien le pregunte ¿por qué te has tardado tanto?
Y ella quien le diga:
“Tu poema me entretuvo mi hermoso
Así era ella –le aclarará el poeta- gracias por haber venido,
Sé que ahora todo será más claro, acaso el aire, el clavel, los sueños
Aunque en mi cabeza no deja de volar un pájaro, la extraño”
Y me vuelvo por última vez para mirarla, ahora ella tiene sus ojos

Belleza
Micaela Romero Maidana (el verso subrayado remite al poema de Cesare Pavese, Vendrá la muerte y tendrá sus ojos)
Llovieron, aún llueven lágrimas sobre el mundo,
Sobre los tejados, en los cuartos, en el bosque, en las caras,
Más íntimas, en el plato de sopa, en la mirada, en
La noche de bodas, en los pasillos de La Matanza,
Aún como piedras sobre el mundo,
Hasta hay un río cuyo cause arrastra tristeza
Y hoy todo lo atraviesa, incluso el corazón:
Aquellos que se han ido están del otro lado,
Y siempre es éste el otro lado.
-¿Y el otro, ése que nunca alzaremos?
-Es precisamente hacia donde iremos


Lucas Soares

Nunca , nunca corazón
Nunca nadie lo sabrá si fue amor
Lo que nos abandonó esa tarde bajo el sol
Mientras morimos los dos
Y tu rubor que se refleja en el mar
Y mi oscuridad echándose a volar de ese adiós
O acaso amor esa tarde bajo el sol
Que venía a iluminar tu dolor y a aliviar el escozor de tu alma
Tristeza que se va derramando, echada al mar
No habrá partir, ni oscuridad, ni dolor
Ni sentir que no sea este amor
De los dos
Nuevas muertes dirán que no hay sensación peor
Nuevos sentimientos golpearán el corazón
Pero siempre yo sabré que ese amor es todo vos
Y los días que vendrán
Tendrán tu imagen acaso, amor

Macarena Veliz
 


Finalmente, Marisa Negri, Alberto Szpunberg, Miguel Martinez Naón, Selva Dipasquale y
Bella Piazza Pesce, junto con Alejandra Correa y Gabriel Martino nos visitaron la mañana del hoy.

Selva abrió la mesa de lectura frente a un populoso auditorio con alumnos de tercero, cuarto y quinto año. Selva nos habló de la poesía como “autoconocimiento poético”, nos recordó la música que anida en cada poema, nos presentó a “los poetas aéreos, a los poetas terrestres y a los poetas acuáticos” y, hoy que se usan tanto los “tips”, nos regaló, y recordó, un tip a modo de procedimiento de escritura: los sueños (debo decir que viajé de inmediato a los versos finales del Monólogo de Segismundo: “¿Qué es la vida? Un frenesí./ ¿Qué es la vida? Una ilusión,/ una sombra, una ficción,/ y el mayor bien es pequeño:/ que toda la vida es sueño,/ y los sueños, sueños son.”). 




La consigna fue “¿quién se acuerda de lo que soñó anoche?” Recuperar las historias que soñamos, pero ¿cómo?... Con la firme convicción - nos dijo Selva- de irnos a dormir diciéndonos a nosotros mismo: “Yo, mañana, me voy a acordar de lo que soñé”. Teniendo en nuestra mesa de noche, lápiz y papel a mano para atrapar los sueños que nos han visitado o hemos convocado. Recuperar nuestro propio material onírico quizás, porque como nos recuerda Shakespeare, “sólo estamos hechos de la materia de nuestros propios sueños”, y no recordarlos mediante la escritura, es condenarlos al absoluto olvido. Y después nos regaló la lectura de sus poemas y el “El sueño”, poema de Alfonsina.

Miguel Martinez Naón a continuación leyó algunos de sus poemas. Y convocó las figuras poéticas que lo guían: Enrique Molina, Paco Urondo, Juan Gelman. Nos contó de su amor por el tango, de su trabajo militante y periodístico en la revista “LaMas Médula” y en la Agencia Paco Urondo, entre otros.

Después le llegó el turno a Marisa Negri. Y el Festival volvió a llenarse de magia. Ella también, igual que Selva, convocó sus sueños. Entonces nos contó, cómo nació la decisión de mudar su vida a las Islas del Delta (donde vive desde el 2012) con aquellos “muertos que volvían del agua”. Nos contó, también, la historia del “Mal del Sauce” (todo aquel que en Tigre duerme la siesta debajo de un sauce, no se va más de las Islas); nos contó acerca de Vilma y Rubén, sus amigos vecinos, quienes tienen la teoría de que los pájaros, los días domingo, no vienen a los comederos. Entonces, “¿a dónde van los pájaros los domingos?”… La vida nos regala poesía a cada paso, en cada expresión, con cada decisión, se trata de estar atentos a cuando ella pasa y nos besa. Al final, nos regaló la lectura de algunos poemas de su libro “Nautilus”, reflotando la lectura de Julio Verne (Paicarabí, Inmigrantes, Creciente, Colibríes). Olga Orozco, Miguel Ángel Bustos, Edgar Bayley y Enrique Molina, la asistieron.

Finalmente, llegó Alberto Szpunberg. No necesitó presentación. Su sola presencia sumó alegría, frescura, sabiduría y amor a la magia del Festival que ya nos encontraba embriagados de emoción. “Existis, vivimos, y creo que te amo” (Del libro “Apuntes”), terminó de leer Alberto y a coro fue la respuesta de los alumnos: “Ahhhhhh…” “La poesía es amor” –dijo y mirándonos a todos, agregó: “¿qué otra cosa puede ser?...”

Entre sus anécdotas, también sumó uno de sus último sueños: “soñé con un gato, un gato naranja. Al que le dije, ‘no hagas quilombo’”. Después, me vengo a encontrar a ese gato, en una librería por lo que andaba buscando unos libros, pero no me dio ni la hora, se habrá ofendido por lo que le dije en el sueño…” Este recuerdo trajo otro recuerdo de la mano. Junto a su amigo, M. A. Bustos fundaron lo que llamaban Campañas Expropiadoras de Libros: “consistía en llegar a la Avenida Corrientes, y cada uno por su lado, entrar a las librerías y hacernos de libros que después nos intercambiábamos”. Después siguió el momento de la lectura. Entonces, Alberto definió la escritura del libro “El che amor” como los poemas que “lo llevaron a definirse en situaciones de su vida”. “Bando”, El guerrillero Diego”, El guerrillero Marcos”, “Egepé. Siguió Apuntes I y el poema XIV del Libro de Judith: “¿Qué uno entre todos/ si no todos?// ¿Qué todos/ si no uno y uno y uno/ en cada uno y todos/ en cada uno/ y en todos?...” Este uno en todos, y todos en uno, estuvo hablando el Festival toda la mañana. Era magia. Sin dudas. Siguieron las preguntas de los alumnos. Su exilio, su expulsión del Partido Comunista, su posterior militancia, su exilio. Hasta que llegaron dos preguntas infaltables dirigidas a todos los poetas de la mesa: “¿qué es la poesía?” y “¿qué consejo darían a los poetas hoy?”. Alberto sencillamente, alentó a “escribir con mucho caradurismo” y citó a Roque Dalton, “lo que es inconcebible es un poeta que no sea sensible”, y siguió, “no importa si sos empleado de la construcción, médico, ingeniero, mozo, lo importante es ser seres sensibles, y escribir desde ahí”.

A lo que Selva sumó, casi a modo de consigna de Taller: “La poesía, escribir poesía, puede ayudarlos a responder, y responderse: “¿Qué es ser jóvenes hoy?”… Hubo aplausos para todos, otra vez. Y ahí nomás, Alberto dejó su poema “Milonga del Tarifazo”:

“Me prohibieron el tabaco
Me prohibieron el alcohol
Princesa del tarifazo
¿me darías fuego vos?

Alguien nos quiere descalzos
Ni luz ni agua ni sueldo
Princesa del tarifazo
No paguemos no paguemos

Que se viene el entrevero
Que se viene fiero fiero

No nos pasemos factura
El mareo es de los dos
Si te acercás amanece
Si te vas se pone el sol

Aunque se haga de noche
Sabemos cómo encendernos
Tus ojos son dos carbones
Que dan calor en invierno

Y ni te cuento en verano:
Ni Dios ni Patrón ni Amo.

Los aplausos fueron rotundos. 

Y como cierre, invité a Alejandra Correa para que presente el libro que acompaña al Festival “Pie firme sobre cálido cielo”, luego siguieron las emocionadas palabras de la autora de esos versos, una ex alumna del Liceo que, a su vez, acompaña al Festival desde sus inicios, ya que el Festival nació cuando Marisa Negri todavía era docente del Liceo y teníamos de alumna a Bella Piazza Pesse, que leyó: “Yo soy brisa cálida que danza/ Yo soy ácido puro que piensa/ Yo soy pulso limpio que crece/ Yo soy soledad brusca que ama// Yo no soy balance bello que respira/ Yo no soy dirigente bello de la paz// Yo seré pie firme sobre cálido cielo”.



Luego hicimos entrega de los libros a los alumnos cuyos poemas fueron publicados y celebramos el encuentro, la poesía, la alegría, la emoción, con sonoros aplausos. Lo demás, fueron fotos, gracias, quiero seguir, ¿puedo leerte mis poemas?, “salió hermoso, profe”. 




Objetivo cumplido: la poesía camina de la mano de nuestros jóvenes. Al Festival, ¡¡¡¡¡Gracias!!!!!! A los poetas que se acercaron hasta el Liceo, ¡¡¡¡Gracias!!!! Por su tiempo, por sus ganas de compartir, y por su sensibilidad. Los abrazamos y los esperamos el próximo año. Por más Festival de Poesía en la Escuela!!!!!!

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