10 años del Festival de Poesía en la Escuela. Celebrar las miradas, por Rosana Guardalá Durán


Rosana Guardalá Durán, poeta y docente de Rosario


Me gustaría, compartir con ustedes un hecho que tuve la suerte de vivir el año pasado y que creo, trae el espíritu del Festival de Poesía en la Escuela. Les llevé unos poemas a un grupo de estudiantes que no tenían más de trece años y les pedí que se taparan los ojos con unas tiras de tela. Les costó confiar. Nos cuesta entregarnos a la escucha, cerrar lo ojos. Confiamos sí en la vista porque hemos olvidado. Hemos olvidado, como olvidamos que respiramos, que antes de ver; escuchamos, olemos. Sin embargo, cuando comenzamos a ver también dejamos de ver. Una paradoja inevitable en la que nos perdemos los hilos de los días.

Vuelvo a lo que quiero contarles. Finalmente, aceptaron la invitación. Se taparon los ojos. Caminé por el salón leyéndoles poemas de diferentes épocas y poetas. Cuando terminamos, les pregunté que les había pasado, si algo les resonaba, si alguno les había gustado. Una de las chicas rápidamente me dijo: “Una manzana color manzana/otra manzana sin cáscara/ De las tres, ¿Cuál es la manzana verdadera? Mientras ella repetía como un cantito o un mantra esos versos del poema de Amanda Berenguer, el resto empezó a discutir sobre la verdad: qué color era el verdadero, la manzana había existido o existía. La discusión se extendió y desembarcó en la materia de la poesía. ¿Se podía escribir poemas con cosas de una verdulería o había que hablar de temas importantes como la muerte? Surgieron categorías que, me dijeron, definían lo que era un poema: poetitozo, poetikista, tonadimineto y hasta un tipo de poema: el negatorio. Poema que tiempo más tarde descubrimos se titulaba NO y lo había escrito Idea Vilariño.

Cuando tocó el recreo uno de los chicos se me acercó y me dijo:

-Profe, necesito que me traigas un poema de amor para mañana.

-Bueno, ¿por?

-Porque me gusta una de segundo y le quiero mandar un poema.

-¿Un poema para decirle que te gusta?

-Sí, un poema para decirle que me gusta.-repitió como burlándose, de lo que acababa de decirle.

-¿Y por qué un poema?

-Porque quiero decirle que es especial, que es única. ¿Qué le voy a decir? Sos linda. Eso no alcanza.

Celebramos 10 festivales en Mu, CABA

Como soy mala para la memoria pero entendía la urgencia del amor, le dije el único poema que recordaba en ese momento: “Amarte es esto/una palabra por decir/un arbolito sin hojas/que da sombra”. Poema que escuché a coro hace unos años atrás cuando se presentó la Red Federal de Poesía en Tecnópolis. Días en los que, como hoy, celebrábamos la poesía que hace posible la vida.

Recordé, gracias a mi estudiante, que yo también había comenzado a escribir poesía para decirle a un chico que me gustaba. El pedido, el poema para “la de segundo”, me recordaba que la lengua poética es la lengua que dice lo indecible. La poesía, en su supuesta “opacidad y economía”, le permitía decirle a “la de segundo” que ella no era igual a nadie, era diferente a todas y para eso, el lenguaje cotidiano no sólo no alcanzaba. Decía poco y mal. Pero no sólo eso, el poema le daba “letra” o palabras a lo que sentía: al amor. Porque la poesía es un modo del amor. 

Juana Roggero y Ana Claudia Díaz, Poetas por el Derecho al Aborto Legal

La poesía, como intuían, habla de temas importantes, porque no explica sino muestra la vida. Por eso el Festival de Poesía en la Escuela funciona mientras que en las currículas, a menudo se deja caer o se olvida lo poético porque “aburre, es difícil, queda lejos, fuera del tiempo”. Eliminar, olvidar, aplazar lo poético de la escuela es privar a la ciudadanía por venir de la posibilidad de vivir el lenguaje, la palabra y el pensamiento en libertad como dicen y practican Alejandra y Marisa. Evitar trabajar la poesía como poiesis, es decir, como actividad creativa es privar de una mirada que les permita ver y habitar el mundo desde el afecto y no solamente desde el pensamiento.

Nos educan en la comprobable de la ciencia, en las certezas de las fechas, en la prueba, en los porcentajes que nos declaran si la muerte tiene o no sentido. Nos educan para la vida fuera de ella. Por eso, desde el primer momento el Festival me resultó una hogar, un espacio real. Una casa sin puertas en la que podía quedarme pero sobre todo, invitar a otres para que también se vieran, se conocieran, fueran felices. ¿Cómo no querer hacer parte a todes de este lugar en el que no hay más verdad que el afecto? En este mundo plagado de desconfianzas y traiciones, la poesía es un refugio. Un modo, como decía hace poco Claudia Masin, de la empatía. Por eso, el Festival me dio una pista en el aula: no hay vitalidad donde no hay poesía.



Gaby Larralde nuestra querida "maestra de ceremonia"

La experiencia de habitar los días, de la lectura y la escritura de poemas como espacios compartidos, como un volver a escuchar, a ver, a buscar y a encontrar ese modo de decir exacto. Exacto no porque sea cierto, sino porque es sincero. Hay en la poesía una sinceridad que barre con las certezas, con las verdades y que nos permite ver nítidamente. Eso es lo que sucede cuando la poesía vuelve al aula sin el encorsetamiento curricular o el reconcomiendo quirúrgico de las figuras poéticas. Leer a quienes escriben o a quienes escribieron y comprobar que la lengua poética es siempre actual porque habla de nosotres, de quienes fuimos, somos y de quienes podemos ser. 

La poesía es no un modo de ver sino de ver y habitar con nitidez los días. Es también un modo de la filosofía y también de la psicología, si pensamos que en todos los lugares siempre estamos siendo con otres. No tenemos posibilidad de vida si no es en el encuentro afectivo. Puede que la poesía sea el modo más real del amor, del encuentro. 


Leticia Hernando, Lidia Rocha y Dafne Pidemunt, Homenaje a Inés Manzano

El Festival es la oportunidad de decirnos algo que la pibada ya sabe pero que a lo largo de la escolaridad vamos atrofiando: escriban, creen no para ser todes artistas sino para ser más libres y menos esclavos, como proclama Gianni Rodari en el comienzo del libro Poesía en la Escuela.

En tiempos de desesperanza e incertidumbres es imprescindible armar proyectos colectivos que nos acerquen, que no dejen pasar las contaminaciones perversas de los intereses individuales. Celebro que el Festival de Poesía en la Escuela cumpla diez años, que esta mesa sea larga y que me hayan invitado a estar hoy acá apagando las velitas. A quienes creen que la poesía es una pérdida de tiempo, un entretenimiento, un contenido; le decimos que no nos importa que no entiendan, que crean que nos puebla la ingenuidad. Nuestra trinchera ES la poesía. Puede que cuando todo explote, estemos leyendo, escribiendo poesía en los patios de las casas y de las escuelas, en las plazas, en los monumentos, en los hospitales, en las playas, en las verdulerías, en las calles, en los colectivos. Porque como dice el poema de Eduardo Milán:


Georgina Hassan nos acompañó con su música, su poesía y su voz


He visto poemas salvar vidas
sin que lo supieran
ni los poemas
ni las vidas.
No digo prolongar vidas:
salvarlas,
sacarlas de allí de la tiniebla inminente.
Los he visto hacer lo que no sabían que sabían
o al menos eso creo: que no sabían que sabían
salvar vidas.
Y vi esas vidas sin saber que se salvaban.

Y las he visto sin que me vieran.

Julia Magistratti, Marisa Negri y Alejandra Correa, homenaje a Leonardo Martínez

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