Petite
mort
Rosada
como el águila calva
desciende, se abaja
y abreva en traje de alhajas
su mortaja, que es concha
de ostras y es ameba.
Purpúreo su vientre se relaja
y exhala una lívida marea.
Madejas de algas la abarajan
y en ancas de ráfagas vadea
la orilla de cielo que la espera.
Plea mar
Me miedo de muero
-me dijo.
“De muero”, como si no supiera.
Sólo atiné a responderle en voz
baja:
-no te ensombres. Acostumbrate al sonido de las olas
cuando la marea baja. Si te aferrás a la madera
te hacés parte del mar-, mi voz trepaba
asombrecida y hueca de espanto.
No sé si mentí bien aquellas
palabras
o humedecí las de ella.
Al poco rato ya no estaba.
Aterrada a la marea,
todo de pronto fue mar.
Tacuarita
Cerca de estos pastizales el cielo es exilio
Arnaldo Calveyra
alardea, alea, mi tacuarita
que el lecho del río te acompaña
sos de la tierra del agua y no hay
ser bajo el cielo que consiga
lo que vos, tacuarita
bailar acaso
la brisa del verano que alumbra
-azul de la noche-
el trino de un junco,
un remanso
pasa la barca y el agua que menea
sin pedir permiso te incita a remontar el aire
dejar la raíz, flotar
devenir flauta y Pan
oh nombre que no hace justicia
podés llevar tu vida al hombro,
oscurecer los pasos
-me digo-
o permanecer siempre así
pequeña vos,
tacuarita
Laura Destéfanis es profesora de
literatura argentina en el Instituto Superior del Profesorado Dr. Joaquín V.
González, y de escritura artística en el Instituto Superior del Profesorado
Sara Ch. de Eccleston. Es egresada de las carreras de Letras (UBA) y Formación Actoral
(EMAD). Quienes la quieren le dicen Lali, desde que una tarde hace muchos años
descubrió una vieja cinta en la que una voz la llamaba así: en el segundo más
largo de su vida reconoció la voz de su padre.

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