14° Festival de Poesía en la Escuela en la ET25 (Caba) Jornada 3 con Alfredo Luna, Cristina Domenech, Gerardo Curiá, y Cristian Avecillas
Y entonces…
¡Ah! ese día
abriremos los brazos
sin temer que el instinto nos muerda los garrones
O. G.
Entra el turno tarde en el mediodía del martes 20 de septiembre, la primavera con su sol y sus vientos, el paseo de nubes que van y vienen para confundirnos, nos trae la poesía a la ET 25 y con ella a cuatro voces profundas, llenas de imágenes como las de Alfredo Luna, Cristina Domenech, Gerardo Curiá, y Cristian Avecillas. Las suyas son las voces signadas por la migración, por el viaje que a veces nos ofrece y otras nos impone la vida: Alfredo y Gerardo viven hace muchos años en nuestra Ciudad Autónoma. Buenos Aires, procedentes de San Fernando del Valle de Catamarca y de la ciudad bonaerense de San Pedro Dávila de los Arrecifes. Cristina nació en la capital y actualmente reside en la costa atlántica argentina. Cristian, nacido en Quito, vive en Guayaquil y viaja por el mundo con sus poemas.
2do 8va y 2do 4ta se acomodan en las butacas del auditorio acompañadxs por los profes Pedro Nazar, Valeria Loyoy y Analía de la Fuente.
Pedimos a la audiencia silenciar los celulares, una escucha atenta y sobre todo respeto y gratitud hacia los poetas que generosamente han aceptado nuestra invitación. Dicho esto, inicia la charla Gerardo, contando un poco de sus inicios como lector de literatura, con el deslumbramiento por la poesía de Oliverio Girondo.
Comparte de un libro tan querido como deshojado y amarillento, las obras completas de Girondo en su edición de Losada, que lleva consigo desde su adolescencia el poema “Lo que esperamos”. Y luego da paso a la lectura de varios poemas propios, intercalando alguna anécdota sobre cómo nacieron.
Luego Avecillas, por segunda vez en nuestra ET 25, breve, generoso, para dar lugar y espacio de lectura a los poetas que aún no han leído [él ha dado un hermoso taller el día anterior], lee un poema largo de su último libro, País es lo que escriben los poetas que ha venido a presentar a nuestro país.
Cuando le llega el turno a Cristina, ella interpela a lxs estudiantes, pregunta si escriben, “cualquier cosa”, “lo que sea, no importa si es o no poesía”. Y varixs levantan la mano. Entonces, la poeta sugiere cuidar ese acto, el de la escritura, observarlo detenidamente, ver en qué deviene, considerar el peso que tiene en la vida de cada unx el gesto de llevar la vida a la página. Acto seguido, lee poemas de su hija poeta, Delfina Goldaracena, cuenta un poco de la historia de su familia, del accidente de ECOS y del paso fugaz de Delfina por este mundo, que no le ha impedido llegar a escribir como escribió. Su obra está compilada en el volumen Tiempo efímero, donde están los poemas escritos entre los 7 y los 16 años de su autora, poeta, hija de poeta. Cristina trae a Delfina en su voz, nos brinda las imágenes que nos traen las anécdotas. Y luego decide leernos unos poemas propios, de sus primeros libros, de la poeta madre en sus tiempos de Tierra negra y Demudado.
Nos despedimos con la participación de Alfredo Luna, quien compartirá poemas de varios de sus libros, como Testigo infiel, daños personales. Su lectura no ocurre sin antes darnos una perspectiva personal de lo que para él significa escribir poesía. “La poesía es algo muy serio” le dijo alguna vez su madre en los albores de sus inquietudes literarias. Así ha tomado espacio la poesía en la vida de Alfredo, con una seriedad que implica hondura, reverencia, agradecimiento. Poesía es una suerte de voz que se nos aparece, y a la que escuchamos con plena atención, es el aquí y el ahora del lenguaje viniendo de algún lado y atravesando nuestro cuerpo para asentarse en la página, me hace pensar Alfredo porque algo así, que no pude capturar con exactitud, ha dicho con palabras mucho más hermosas que las que tengo para intentar repetirlo. Finalmente, su lectura siembra el silencio de la sala, tiene nuestra atención plena, aún con el tono suave y bajo de su voz: “oh dios/devuélveme/todo el bien que te hice/ cuando te amaba”.
Con esos versos se cierra nuestro encuentro formal, los aplausos invaden el auditorio, las y los estudiantes están por salir al recreo.
Pero nos queda un rato para preguntas. Y reaparece una que ya fue dicha y contestada en este mismo sitio días atrás: un alumno con su casaca de Vélez Sarfield pregunta “¿se puede vivir de la poesía?”.
Cristina contesta que sí, que si se trabaja mucho dando talleres, rompiéndonos el alma, sí, que conoce personas que lo hacen.
Gerardo intenta dar una vuelta más a la pregunta y alude al significado de “vivir” y entonces surge la idea o la pregunta sobre si vivir de implica sólo un correlato económico y financiero para nuestro paso por el mundo, o si “vivir de” requiere otras aristas como el afecto, la vocación, la expresión y el encuentro con otres.
¿Es el mundo laboral aquello de lo que vivimos? ¿O hay otras cosas que nos alimentan? Con esas preguntas se van casi todxs lxs chicxs al recreo.
Varixs de nosotrxs permanecemos para sacarnos unas fotos que hagan de souvenir de este momento. Varixs de nosotrxs, estudiantes y docentes tenemos algunas preguntas y comentarios para lxs poetas.
Ha sido un gran día. Hemos atravesado dos semanas llenas de descubrir.




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