Prensa de los Festivales

I Festival de Poesía en la Escuela, 2010



En Diario Clarín.



III Festival de Poesía en la Escuela, 2012 


VIERNES, 15 DE JUNIO DE 2012

CULTURA › TERCERA EDICION DEL FESTIVAL DE POESIA EN LA ESCUELA
“El desafío es despertar y potenciar algo que está allí”

El próximo lunes comenzará esta iniciativa autogestiva coordinada por Alejandra Correa y Marisa Negri, que contará con la participación de 50 poetas, 20 artistas y alrededor de 4000 alumnos pertenecientes a 16 establecimientos educativos.

Por Silvina Friera

Las palabras estallan como un vaso de cristal arrojado contra la pared. Nadie sale indemne de ese estallido. Podrá haber algún despistado, distraído o indolente hacia los sonidos, las formas, la materia. Pero quién sabe si la presunta indiferencia del presente no se transformará en la semilla de la pasión del mañana. El empeño de los poetas es mayúsculo. Una obstinación que despeja la neblina de prejuicios letales y desmonta el meollo de un equívoco vulgar: la poesía –se suele repetir– es “difícil”, machacando una y otra vez la misma muralla aplanada del sentido común. O desafinando siempre en el mismo adjetivo. De un tiempo a esta parte se siembra y cosecha; es hora de zanjar la cuestión y acercar la poesía y el lenguaje poético a los niños, adolescentes y jóvenes desde una perspectiva de encuentro, intercambio de experiencias y diálogo entre generaciones. El próximo lunes comienza la tercera edición del Festival de Poesía en la Escuela, una movida autogestiva coordinada por las poetas Alejandra Correa y Marisa Negri, que contará con la participación de 50 poetas argentinos –Roberto Raschella, María Teresa Andruetto, Reynaldo Sietecase, María del Carmen Colombo, Eduardo Mileo y Mercedes Roffé, entre otros–, 20 artistas y alrededor de 4000 alumnos pertenecientes a 16 establecimientos educativos. En cada una de las jornadas se realizarán talleres de arte visual, títeres, música, traducción y poesía; lecturas de poetas invitados, docentes y alumnos. El repertorio de actividades incluye homenajes a Luis Alberto Spinetta y recitales como el de Mariano y Santiago Fernández, de la banda Me Darás Mil Hijos, en la misma escuela de la que egresaron (Liceo 1). Allí, durante la inauguración, interpretarán canciones de Alfredo Zitarrosa.

Los poetas están haciendo camino al andar de esta tercera edición, que tendrá como novedad principal un taller transversal: “El país imaginado”. Una escuela le pondrá nombre al país. Otra, la bandera para ese nombre. Otra –a partir del nombre y la bandera– pensará su flora y fauna. Y así sucesivamente, las 16 escuelas crearán un país imaginado. El canal Encuentro filmará micros de los chicos poetas del III Festival. Los pibes, aguijoneados por las palabras, hablarán de eso que los convoca y los interpela: la poesía. Y hasta leerán sus propias producciones poéticas. El Ministerio de Educación de la Nación facilitará los medios de transporte para que 22 alumnos de un colegio de Villa Celina puedan visitar a sus pares de una escuela de la segunda sección del Delta de San Fernando. “Muchos viajarán en lancha por primera vez –dice Correa a Página/12–. Ya estuvieron escribiendo cartas que les hicimos llegar a los chicos de la Escuela Técnica Nº 1 y de la EP 24 de las islas.” Las infatigables organizadoras acaban de editar la antología Infancias, con poemas de la mayoría de los poetas que participan en esta edición, como Andruetto, Colombo, Raschella, Roffé, Alberto Muñoz y Leonardo Martínez. Roffé, que vive en Nueva York, al igual que el año pasado, se comunicará vía Skype para dialogar con los chicos y leerles a Rafael Alberti. Como si todo esto fuera poco, hay un grupo de susurradores integrado por el dream team del Liceo 1 que irá de oído en oído, con largos tubos, susurrando poemas para quien los quiera oír.

“El primer paso es abrir la puerta, tender los puentes; no se puede amar lo que no se conoce –esgrime Negri–. ¿Y cómo se enseña a niños y jóvenes a amar la poesía? Dejando que eso suceda primero en nosotros, los maestros y profesores de literatura, los que todos los días trabajamos con el cuerpo vivo del lenguaje y muchas veces por costumbre o resignación nos convertimos en sistematizadores del lenguaje. Pero también –y esto es para mí una de las más hermosas revelaciones del festival– el desafío para los poetas es tener en cuenta a los jóvenes lectores y escribir a partir de ellos. Como diría (Federico García) Lorca: ‘No hay poesía escrita sin ojos esclavos del verso oscuro ni poesía hablada sin orejas dóciles, orejas amigas donde la palabra que mane lleve por ellas sangre, olas, labios o cielo a la frente del que oye’.” Durante 2010 y 2011, más de 70 poetas, 30 artistas (principalmente plásticos y músicos) y cerca de 6000 alumnos de todos los niveles educativos fueron escribiendo las primeras páginas de esta historia. “Sabemos que la edad de la poesía es sobre todo la infancia, pero también la adolescencia –subraya Correa–. Esa es la edad en que la poesía es una parte inseparable de la vida. Entonces, comprobamos que vamos a hablarles a los chicos de algo que ya conocen, pero muchos aún no le han puesto un nombre. Se trata de reforzar esa cercanía que empieza a perderse a veces en la adolescencia, valorizarla y darle un espacio. Sentimos que estamos trabajando con la poesía de aliada en cada acción que pensamos. No venimos de afuera a hablar de algo lejano. No es lejano para nosotras, no es lejano para ellos. El desafío es despertar y potenciar algo que está allí. Y es un desafío enorme porque dependerá de la forma en que lo hagamos el sitio que este espacio tendrá en el futuro en sus vidas. Por eso la idea del festival: festejar el encuentro entre ellos y nosotros –los poetas, los artistas visuales, los músicos, los docentes, desde otro lugar que tiene que ver con el disfrute y no con el deber–, en el marco de la escuela que, consideramos, necesita ser poetizada. Nuestros adolescentes y niños van a escuelas que, una enorme cantidad de veces, carecen de espacios de encuentro real, encuentro con la experiencia y con lo emocional, que es decir claramente encuentro con la palabra. Vivimos en un mundo que no suele poner ninguna ficha ahí. Pero hay avidez. Ojo: no es una avidez como la pensaría un adulto. Es una avidez que se encuentra tapada, a la que hay que escuchar y darle aire para que crezca.”

La poesía y los tiempos en que se componen los recuerdos de las ediciones previas. Negri menciona el gran batacazo durante la apertura del primer festival, en 2010. En el Liceo 1, ante más de 300 chicos y docentes, luego de presentar a su poeta elegido y hablar brevemente de su vida y de su poesía, Javier Galarza acercó el micrófono a su celular. Pronto la voz de Paul Celan inundó esa escena con una luz y una lengua que parecía venir de otro mundo. “El silencio fue atronador”, resume. “En la escuela Portal del Sol, de educación especial, los chicos aprovecharon el festival para declarar su amor en público –repasa Correa–. Una de las chicas leyó un poema de amor a su enamorado quien, sorprendido, dijo que ‘no’, que él estaba mejor con sus amigos. Y ella entonces movió la cabeza como diciendo: ‘Ya vas a caer’.” Poeta y periodista, Sietecase reincide en su intervención en esta edición. Cómo no volver después de haber leído un poema de Mario Trejo, “A propósito de la palabra de Dios”, con la ayuda de un puñado de alumnos que brillaron como un elástico coro. Ante una seña de Reynaldo, decían el estribillo: “Algo hay”.

El baúl está repleto de anécdotas, restos diurnos de jornadas memorables. Javier Cófreces leyó su poema sobre la pesca en la ESB 24 y EP 11 del Delta de San Fernando. “Bagres, bagres, bagres/ sólo bagres pican desde el muelle/ Bagres blancos/ Bagres amarillos/ Bagres bigotudos/ movedizos, resbaladizos...” Los pibes del lugar sabían esos versos “casi de memoria”. Cualquier traducción o explicación era perforar un paisaje que conocen como la palma de sus manos. “Se transformó en héroe nacional. Le pidieron libros autografiados, se sacaron fotos con él, le preguntaron cuándo volvía. Y vuelve –confirma Correa–. Está preparando con Alberto Muñoz poesías especialmente escritas para la ocasión. Ambos son amantes del Delta, tienen un libro llamado Tigre, así que se ha establecido un vínculo bellísimo.” La inminencia de la palabra poética puede alborotar a la tribuna. El chileno Jaime Huenún desglosó la lucha de los jóvenes universitarios en Chile. Después recitó apasionadamente. Las gargantas de los trescientos pibes que lo escuchaban no se cansaron de entonar: “Olé, olé, olé, Jaimé, Jaimé”. Así, acentuando la “e”, “como si Huenún fuera un jugador de fútbol que acababa de salvar un campeonato”, compara Correa.

El grano de la poesía deviene una práctica radical en las escuelas que inician la cabalgata por la sintaxis y la gramática que cada poeta pone en juego. Negri destaca que a los chicos les interesa “la rebelión que subyace en el discurso poético; la ruptura de parámetros lógicos, la posibilidad de que la palabra se cargue de sentido y los identifique”. “Recuerdo en particular, en los talleres previos de este tercer festival, la conmoción de los chicos al trabajar con los poetas desaparecidos como Miguel Angel Bustos o Dardo Dorronzoro, o los encuentros con Natalia Litvinova y la poesía rusa; una de las cosas que les resultaban más reveladoras a los chicos es que alguien eligiera como camino de vida dedicarse a la poesía.” ¿Por qué cada poeta escribió lo que escribió? Este es uno de los interrogantes que nunca faltan. “Es una pregunta sobre la relación entre la palabra y la vida –reflexiona Correa–. Lo que los poetas en nuestros encuentros evitamos decir para dejar que la poesía hable por sí sola, a ellos no les basta. Incluso, escuchan mejor una poesía si se les cuenta primero cómo a uno se le ocurrió escribirla o si se relata algo sobre el poeta que la escribió, porque leemos poesías de otros poetas aparte de las propias. Entiendo que ven en esa persona que les abre el corazón una buena oportunidad para saber el porqué de muchas cosas; interpretan que esa persona está hablando de algo importante, desde un lugar diferente. Todos los poetas se emocionan frente a los chicos. Cada uno lo demuestra de una manera diferente. Pero la emoción está allí, en la voz, en la palabra, en el intentar acercarse.”

Morochazo y grandote, de esos a los que sólo les basta su cuerpo para imponer respeto, Vicente peina canas, aunque tiene las cejas negras, negrísimas. El auxiliar de la escuela 97 de Villa Celina se dio el gusto de leer un poema de Baldomero Fernández Moreno que aprendió en la escuela primaria en la edición del año pasado. Quien quiera verlo –y escucharlo– puede bucear por los pagos de Youtube (http://www.youtube.com/watch?v=3gZDTRjQjTo). “Vicente es el encargado no sólo de la portería sino de llevar en un carrito de supermercado las viandas a los salones, de reparar cualquier cosa que no funcione o darle una manito de pintura al patio antes de un acto importante –explica Negri–. Ese día nos vio colgar el cartel del festival, se sonrió y me dijo: ‘Ah, yo no sabía que venían ustedes, setenta balcones hay en esta casa, setenta balcones y ninguna flor’. Ahí mismo lo convencí para que grabáramos su recitado. Vicente nos trajo la memoria de otra escuela, la de su infancia, en la que el recitado de poemas era un punto esencial de los programas. Cuando le dije que ese día venía a la escuela la poeta Clara Vasco, nieta de Fernández Moreno, y que se la quería presentar, me miró con susto y me dijo que él hacía esto por los chicos, pero que hasta ahí llegaba. Y se fue raudamente a refugiarse en la cocina de la escuela.”

La experiencia poética fluye, como quien lanza palabras, versos, poemas y retazos de vidas en corrientes de rumbos inesperados. Por más que se ensayen adjetivos, contornos, siluetas, lo que se mueve parece refractario a ser encasillado. “Todo encuentro crea un nuevo espacio. En este festival, el espacio está definido por una gran cantidad de variables –agrega Correa–. La relación del poeta con su propia adolescencia e infancia y con estos chicos de hoy. La palabra poética puesta a prueba en un escenario diferente del que habitualmente estamos acostumbrados a transitar los poetas. Los chicos escuchando y escribiendo, dándole un lugar y un valor a la palabra que se escribe. Los poetas dando voz a otro poeta –primero cada poeta lee a otro, luego lee algo propio–, trayendo o siendo traído de la mano por alguien. Los artistas plásticos que trabajan sobre la obra de un escritor y despiertan un interés por medio de otros recursos: títeres, esténcil, máscaras, etcétera. Y los músicos que vienen trabajando con la obra de poetas. Todo eso está sucediendo en paralelo, en ese espacio que el festival crea y recrea. Como cuando uno escribe poesía, sabemos que ese espacio tiene una característica primordial: si no lo creamos, no existe. Es algo que no está dado, que hay que crear y sostener. El festival es un espacio donde la poesía es de todos y para todos. ¿Suena a utopía? Entonces, será.”

IV Festival de Poesía en la Escuela, 2013.

Diario Página 12

MARTES, 4 DE JUNIO DE 2013

EMPIEZA HOY EL IV FESTIVAL DE POESIA EN LA ESCUELA

Apuntes para potenciar la creatividad de los chicos

Durante una semana, aproximadamente tres mil niños, jóvenes y docentes, pertenecientes a doce establecimientos educativos, escucharán las voces de los poetas invitados, quienes además de leer poemas propios sumarán lecturas de las obras de sus maestros.

Por Silvina Friera

Un escándalo de voces viene conjurando la imposibilidad de hacerse oír. Los ojos contemplan el paisaje como si formularan preguntas o mordisquearan detalles. Es la revelación de la vida a través del lenguaje. La potencia de la lectura, de la escucha, de la escritura, gotea lentamente, reaviva el asombro con una intensidad extraordinaria y sostenida por un trabajo de largo aliento. “Duerme la ciudad/ polvo gris/ imaginario/ lastimaduras/ y cicatrices/ Falta algo en mi vida/ está arruinada/ en partes muy pequeñas”. Este poema lo escribió Gabriel Mansilla, alumno de la Escuela de Educación Técnica Nº1 de San Fernando, tercera sección de las Islas. Miles de chicos andan ensamblando sus pedacitos. El despunte de la emoción irrumpe con la certeza de un encuentro bisagra. Hay un antes y un después del Festival de Poesía en la escuela, organizado a pulmón por Alejandra Correa y Marisa Negri, poetas, docentes y gestoras culturales infatigables a la hora de articular, extender y ensanchar, verso a verso, la necesidad de la poesía. En esta cuarta edición, cuya apertura se realizará en la Casa Nacional del Bicentenario, participarán 43 poetas en doce mesas de lecturas: Irene Gruss, María del Carmen Colombo, Leonardo Martínez, Susana Cella, Laura Yasán, Alberto Muñoz, Eduardo Mileo, Gabriel Reches, Romina Freschi y Laura Wittner, entre otros.

Las palabras se mueven de boca en boca, de aula en aula. Durante una semana, aproximadamente 3000 niños, jóvenes y docentes, pertenecientes a doce establecimientos educativos –niveles inicial, primario, secundario, educación especial y artística del Liceo 1, Colegio Nicolás Avellaneda, Instituto Vocacional de Arte, Escuela 22 DE 2, Escuela 3 DE 11, Escuela de Educación Estética (Morón), Escuela Portal del Sol (Tapiales), EP Nº84 y 3 (Laferrère) y Escuela Técnica 1, EP 20 (Delta de San Fernando)–, escucharán las voces de los poetas invitados, quienes además de leer poemas propios sumarán lecturas de las obras de sus maestros. La novedad en esta ocasión es la participación de cinco poetas de Abbapalabra/Transpoesía –red poética que reúne diversos festivales con jóvenes y comunidades, en México, Guatemala, Costa Rica y Argentina–: Fabiola Amaro, Mario López Alonso, Julio Ceballos y Juan Carlos Quiroz (México) y Alvaro Mata Guillé (Costa Rica). No sólo de lecturas se nutre esta movida. De marzo a junio los alumnos asistieron a talleres de escritura y de traducción imaginaria de poesía. La semana del festival, que termina el martes 11 de junio, les permitirá mostrar el trabajo realizado. Además, se publicarán las poesías de los chicos del delta de San Fernando en una edición artesanal y se concretará una campaña de donación para dotar a la biblioteca de la Escuela Técnica Nº1 de libros de poesía y literatura infantil y juvenil. Otra columna vertebral son los talleres que se dictan en esta edición: Nina Franco (poesía y títeres), Inés Abeledo (poesía y arte visual sobre la obra de Marosa Di Giorgio), Ana Adjiman y Gabriel Martino (poemas en cajitas), Diego Lorente y Clara Gabor (poesía, música y video), Pablo Ramírez y Gisella Amarillo (Van Gogh a través de Luis Alberto Spinetta) y la artista visual Ana Pradal creará con los chicos libros de artistas, a partir de los poemas que ellos escriban, entre otros talleres.

“Vamos dejando una pequeña semilla –dice Marisa Negri a Página/12–. Es un proceso muy lento que comienza con juegos del lenguaje, sumamente accesibles y sencillos; acrósticos, limericks, poemas collage, abonados con mucha lectura de poesía de todos los tiempos. Cuando ese juego se convierte en un espacio sostenido, cuando la escuela se anima a dejar que la poesía ocupe un lugar, los chicos se adueñan de su propia palabra.” La poeta y docente revela que los alumnos del Delta, en apenas cuatro meses de trabajo, empezaron a contar dónde y cómo viven, qué sueñan, por qué se sienten solos o aburridos. “Es un gran comienzo –pondera–. Hay que tener en cuenta la realidad de estos chicos. La tercera sección del delta de San Fernando es un lugar bellísimo y salvaje, que nada tiene que ver con las postales de los elegantes recreos de Tigre. Los chicos que concurren a la Escuela de Educación Técnica Nº1 recorren entre una y tres horas de navegación para llegar a la escuela, en la que están de 10 a 15.30. Es decir, la vida transcurre entre la escuela y las lanchas. Hay doce recorridos diferentes que llegan al Paraná Miní cada día, muelle a muelle. En los muelles hay perros y gente que saluda con la cabeza o levantando apenas el brazo. Cuando hay niebla se cierra el puerto y se suspenden las clases. Los que vivimos sobre el Estudiante o sobre el Paycarabí viajamos en la Delta F. En el trayecto que compartimos a bordo de las lanchas, los chicos juegan a las cartas, pero también y muy de a poco les voy dejando libros para que lean. Para los chicos muchas veces la isla no es un paraíso y sus poemas reflejan la soledad, el aburrimiento, la falta de ‘cybers en las esquinas’, y ahí es donde cualquier lazo que uno pueda tender hacia otros mundos ficcionales es una tarea fundamental.”

Ya hay lazos que están floreciendo. Los chicos del Delta ahora se escriben con los chicos de Rosario. “Queremos hacer una revista para que pueda acompañarlos en las lanchas; ideas para que el aislamiento y la soledad tengan contención –explica Negri–. Lo más interesante que nos pasó con Poesía en la Escuela es que dejó de ser un festival para convertirse en un modo de enseñar y de aprender. Cuando llega al aula la caja que les armé, los chicos ya saben de qué se trata; hay algo para decir y ése es el lugar indicado.”

Alejandra Correa cuenta que el festival es la punta de un iceberg. “Estamos buscando la forma de llegar a los docentes con estas propuestas de taller, simples pero comprometidas, que puedan implementar con sus alumnos para revitalizar ese espacio creativo de la palabra. Incluso para que ellos mismos puedan expresarse a través de la poesía. Recibimos innumerables mails de educadores de todo el país que nos preguntan ¿cómo hacen?, ¿cómo puedo hacerlo yo? Es un desafío poder socializar esta experiencia. Estamos buscando esas fórmulas que nos permitan hacerlo. Lo que sucede es que, hasta aquí, el festival y el programa han sido autofinanciados y los desafíos que se nos imponen necesitan recursos que deberemos gestionar.” Esta trama de expectativas se expande impulsada por la necesidad de multiplicar el efecto de la palabra poética en las aulas. El 18 y 19 de abril se realizaron las I Jornadas Nacionales de la Red Poesía en la Escuela, auspiciadas por el Ministerio de Educación de la Nación, con docentes, directivos, bibliotecarios, poetas que trabajan con jóvenes y gestores culturales de diversas localidades del país. Durante la inauguración, el ministro Alberto Sileoni valorizó el rol de la poesía en la educación. “Algunos de los participantes incluyeron las propuestas en la Formación Docente de su localidad; en La Rioja se hicieron talleres para maestras jardineras; otros directamente en el aula con los chicos, en escuelas de Laferrère, Córdoba y San Clemente del Tuyú, o incorporaron actividades en las ferias locales, como el caso del Mayito de las Letras en Tucumán, por citar sólo algunas”, enumera Correa.

Varias iniciativas de la Red serán programadas en un futuro cercano. Correa comenta que las poetas y educadoras de la provincia de Buenos Aires Laura Forchetti, Erika Vollers, Carolina Rack y Natalia Molina estuvieron deliberando sobre ese lugar de reunión habitual que es la plaza del pueblo los fines de semana. “A ellas se les ocurrió trabajar con propuestas para el Twitter o sms en una jornada donde los chicos puedan enviarse poesías de amor. Luego la gente de Salta, Tucumán, Catamarca y La Rioja, trabajaron con el artista plástico Pablo Ramírez Arnol –colaborador permanente de Poesía en la Escuela– la idea de rescatar el valor oral de la poesía; pensaron en grabar los sonidos de los patios durante el recreo. Y que las coplas que los chicos conocen por tradición queden registradas a la par de los juegos, los sonidos del patio, las canciones infantiles... Es algo que estamos empezando a realizar –agrega Correa–. También poesía a través de postales o de arte correo, para conectar a chicos de diferentes comunidades, mediados por las escuelas. Vemos que la propuesta es tomada por otros que valoran este trabajo con los chicos, jóvenes, docentes y bibliotecarios, gestores y poetas que saben de la importancia que reviste no perder la comunicación con los jóvenes y propiciar instancias de encuentro real, donde ellos puedan expresarse, poner su palabra en el mundo y hacerse oír. En la gestión cultural sabemos que éste es un paso fundamental para la construcción de ciudadanía”.

Los pies en el barro

El festival, plantean las organizadoras, “también les pone voz a poetas de todos los tiempos, buscando tender un puente entre generaciones, rescatando una línea histórica en la voz poética comúnmente rezagada en los programas de estudio”. ¿Por qué se rompió ese puente generacional? “Los puentes se rompen cuando el ego le gana al arte; ‘donde hay dos poetas hay tres corrientes estéticas’, se dice a veces maliciosamente, y nosotros venimos trabajando en sentido inverso”, subraya Negri. “Reunimos poetas con distintas estéticas que generosamente vienen a leerles a los chicos y que eligen qué poetas homenajear en absoluta libertad, y a eso le sumamos artistas visuales, músicos, titiriteros. Y a la vez, trabajamos muchísimo con los maestros y profes, intentando contagiar esta pasión, esta mirada en donde las prácticas del lenguaje son mucho más que una materia. Hay un principio de solidaridad enorme en todo esto; supone que todos tenemos algo para brindar y nada se guarda.” Correa advierte que los puentes también se rompen “cuando la educación es ciega a los procesos artísticos y no incorpora a la poesía o la narrativa, o el cine o la plástica o la música que se produce en esa contemporaneidad de los chicos, porque el arte pierde para esos chicos el sentido de expresar su época para poder pensarla.”

“Está muy bien que enseñemos el Martín Fierro, pero cómo no vamos a leerles a Arnaldo Calveyra o a Diana Bellessi –ejemplifica Correa–. Lo realmente preocupante es que los propios docentes no conocen a los poetas o a los artistas que actualmente producen en su país. Y no es responsabilidad solamente de ellos, claro. Hay un abismo entre el arte y la gente, cuando debería estar a mano para todos, tanto para experimentar en su producción como para enriquecerse con sus posibilidades estéticas. Y luego hay también una tarea del artista que no siempre se toma el trabajo de meter los pies en el barro de su tiempo. Pero sabemos que vivimos épocas muy complejas donde el mercado gobierna nuestras vidas, nuestra idea del arte, nuestras prácticas. En cierto sentido, estamos humildemente buscando la grieta para hacer llegar una propuesta que va en otro sentido, porque creemos realmente que este colectivo que se empieza a visualizar –los poetas que esperan el festival con alegría, los artistas que se suman a los talleres de arte visual, música y poesía y los chicos que también nos aguardan cada año con anhelo– puede, modestamente y a pequeña escala, ayudar a que algunas cosas sean diferentes.”

Ramona y “sus chicos”

Ella sonríe. Nunca dejará de hacerlo. El pasado se vuelve presente cada vez que se repone una escena. Cómo olvidar la mirada sonriente de Ramona, una de las auxiliares del Liceo 1, cuando los integrantes de Me Darás Mil Hijos, los hermanos Santiago y Mariano Fernández, regresaron a su escuela secundaria, en la edición pasada del festival, para homenajear a Alfredo Zitarrosa. Ramona, en estas líneas, nuevamente sonríe. Termina el recital y se acerca a felicitar a “sus chicos” por el camino elegido. Las palabras se atropellan y salen de su boca. Como en éxtasis, los ojos de Ramona abrazan a esos hermanos que crecieron tan rapidito. Por la puerta entornada de los sueños, las cuerdas del tiempo vibran.

La apertura del IV Festival de Poesía en la Escuela se realizará hoy a las 19 en la Casa Nacional del Bicentenario, Riobamba 985. La programación completa está en http://poesiaenlaescuela.blogspot.com.ar/


Textual

Nunca
Intenté
Comer
Ostras
Leyendo
A
Superman

Nicolás Muñoz, 1 A.


La isla es muy aburrida

La isla es muy aburrida
porque no hay un cyber
en la esquina

los perros ladran todo el día
personas desconocidas
pasean por el río

por que no me fui
en lugar de los otros


Alexis Mansilla, 1 B.


El misterio de la ciudad

El misterio
cada vez
más grande

hace bien estar
ver bien
es estar
distraído

Rocío Deghi, 1 B* Poemas de alumnos de la Escuela de Educación Técnica NO 1 de San Fernando.


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05.06.2013 | Comenzó la cuarta edición del Festival Poesía en la Escuela 

La poesía es un asunto de chicos 

En el evento participarán unos 3000 alumnos que se encontrarán con más de 40 poetas. 

Por: Tiempo Argentino




Comenzó ayer la cuarta edición del Festival Poesía en la Escuela, con la participación de casi 3000 chicos, jóvenes y docentes, y de 43 poetas de diversos lugares del país y de América Latina. Aunque las actividades comenzaron temprano, la inauguración oficial se realizó al atardecer en la Casa Nacional del Bicentenario. Allí leyeron las poetas Irene Gruss y Laura Yasán junto a Mario López Alonso y Fabiola Amaro, del colectivo latinoamericano Transpoesía. 

Esta actividad autogestiva, que se realiza desde 2010 continúa hasta el martes próximo y se complementa con la participación de titiriteros, videastas y artistas visuales. "El objetivo es llevar la poesía al ámbito educativo, en un clima de encuentro que no tenga que ver sólo con lo pedagógico sino, sobre todo, con la necesidad de compartir palabras", explicaron a Tiempo Argentino las coordinadoras Marisa Negri y Alejandra Correa. La propuesta, a su vez, es que los poetas que participan de este encuentro lean sus textos pero sumen también la lectura de la obra de algún maestro. "De esta forma, el festival también les pone voz a poetas de todos los tiempos, buscando tender un puente entre generaciones, rescatando una línea histórica en la voz poética comúnmente rezagada en los programas de estudio", indicaron las coordinadoras. 

Entre los participantes se encuentran las poetas Laura Wittner, Susana Cella, Romina Freschi, Verónica Laurino y María del Carmen Colombo. Este año, además, el encuentro les abre sus puertas a cinco poetas de Abbapalabra/Transpoesía (red poética que reúne festivales, jóvenes y comunidades, en México, Guatemala, Costa Rica y Argentina): Amaro y Alonso; también, Julio Ceballos y Juan Carlos Quiroz, de México, y Álvaro Mata Guillé, de Costa Rica. 

Los chicos pertenecen a 12 establecimientos educativos de la Ciudad de Buenos Aires (Liceo 1, Colegio Nicolás Avellaneda, Instituto Vocacional de Arte, Escuela 22 DE 2, Escuela 3 DE 11), Morón (Escuela de Educación Estética), Tapiales (Escuela Portal del Sol), Laferrere (EP Nro 84 y 3) y Delta de San Fernando (Escuela Técnica 1, EP 20). Una de las novedades es que se publicarán, en formato artesanal las poesías de los chicos de esta última escuela y se realizará una Campaña de Donación para su biblioteca. También se realizarán talleres artísticos para, por ejemplo, investigar la obra poética de Marosa Di Giorgio, Javier Heraud, Van Gogh, María Elena Walsh y Luis Alberto Spinetta, entre otros. Finalmente, la artista visual Lorena Pradal, creará con los chicos libros de artista, a partir de los poemas de ellos Nota en Tiempo Argentino.

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VI FESTIVAL DE POESÍA EN LA ESCUELA

miércoles, 17 de septiembre de 2014


Unos 8000 chicos participaron de la 6ª edición del Festival de Poesía en la Escuela, que recorrió el país y hoy, con un homenaje a Juan Gelman, tendrá su cierre en Tecnópolis



Humahuaca - En una escuela jujeña, las coordinadoras del festival, Marisa Negri y Alejandra Correa, con los chicos y poetas invitados, como el Tata Cedrón.

Cuando alguien comienza a leer poesía en voz alta y quienes escuchan –que son niños, niñas, adolescentes– hacen silencio, los prejuicios pierden toda entidad y desaparecen: todos, atentos, simplemente disfrutan. Y eso es justamente lo que sucede con el Festival de Poesía en la Escuela, que coordinan las poetas Marisa Negri y Alejandra Correa con el maravilloso objetivo de que esa escena se repita y genere nuevos lectores y poetas.
El ciclo que hoy cierra en Tecnópolis su sexta edición y del que ya participaron cerca de 8000 chicos y docentes de escuelas de todo el país, comenzó en el año 2010 y se fue forjando a través de dos propuestas en cada jornada escolar: la puesta en escena de un recital de poesía, que animaron tanto los chicos con sus creaciones como más de 100 poetas que se acercaron al festival, y la realización de talleres de escritura y arte.
El proyecto autogestivo fue creciendo: mientras que el primer festival visitó cuatro escuelas, el de este año contó con la participación de 17 centros educativos, de los niveles inicial, primario, secundario y educación especial, técnica o artística. "Muchas cosas de nuestra realidad –explica Correa–, como la masificación o la sociedad de consumo, van en contra de nuestra necesidad de expresarnos y dejar testimonio en el mundo. Por eso, es importante que se lea poesía, porque es un lenguaje único no sólo para conocer la experiencia de gente que vivió antes que nosotros sino porque es fundamental como mecanismo de expresión."
La lectura en voz alta no sólo invita a asomarse al género; también propone un diálogo entre los chicos y poetas de distintas generaciones y vivencias. Tom Lupo, conductor de El Pez Náufrago, una emisión dedicada a la poesía (junto a Gabriela Borrelli, de lunes a viernes a las 23 por Radio Del Plata), fue invitado al ciclo y participó el último lunes de la jornada en la Escuela Superior de Música José Pedro Esnaola: "Gracias a un maravilloso maestro como Haroldo Conti, conocí bastantes poetas en mi adolescencia, y eso me cambió bastante el destino, porque es una manera magnífica de encontrarse con el lenguaje, y que hoy uno no encuentra en Internet. En la escuela, los chicos miraban con ojos asombrados: quizá dejamos una semillita."
Tom compartió la experiencia con otro poeta y músico, Juan Esteban Linares, de 24 años, quien sostiene que "hoy en día, cuando lo que abunda es el entretenimiento y la cosa vacía, la poesía genera un nexo con algo muy interno y profundo de cada uno. Los chicos son súper permeables, sinceros y tienen toda la frescura necesaria para acercarse a la poesía y al arte, que es lo que, al fin y al cabo, más nos libera".
Con el apoyo del Ministerio de Educación de la Nación y la Fundación Flechabus, el Festival de Poesía en la Escuela tendrá hoy desde las 13 un esperado cierre en la megaferia de Villa Martelli, con la participación de los colegios N° 22, del barrio porteño de Almagro, y N° 84, de la localidad bonaerense de Laferrere, y con un sentido homenaje a Juan Gelman, quien supo celebrar el proyecto. Allí declamarán los chicos, quizá poetas aún sin descubrirse. Y, por la razón que expresa Negri, aquella escena del principio volverá felizmente a repetirse: "Se genera un vínculo personal al hacerte dueño de tu propia palabra. Y ese es, quizás, el fin principal de lo que hacemos: saber que tenés un lenguaje del que te podés apropiar para decir lo que te pasa."

80 libros de poemas

El acercamiento de los chicos a la poesía tiene un condicionante fundamental: que haya libros de poemas en las escuelas. En ese sentido, el anuncio que el ministro de Educación Alberto Sileoni hará hoy en Tecnópolis será más que bienvenido: presentará la colección de libros de poesía que se entregará a escuelas secundarias de gestión estatal e Institutos Superiores de Formación Docente de todo el país. La colección "Juan Gelman" estará integrada por 80 libros, que en total supondrán la distribución de 960 mil volúmenes en 10.837 establecimientos, con una inversión de $ 70 millones. El olvido está lleno de memoria, de Mario Benedetti; Mi bella tenebrosa, de Charles Baudelaire; 80 poemas y canciones, de Bertolt Brecht; Lo mejor del mundo son los niños, de Fernando Pessoa; y Guitarra Negra, de Luis Alberto Spinetta, son algunos de los títulos que integran la recopilación de la que participan 39 editoriales.


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viernes, 29 de agosto de 2014

PAGINA/12


EMPIEZA EL VI FESTIVAL DE POESIA EN LA ESCUELA

Unos dos mil alumnos de los diversos niveles educativos y sus docentes participarán del encuentro que comienza hoy en una escuela del Delta del Tigre, con una lectura de Diana Bellessi. Durante veinte días habrá talleres, lecturas y homenajes.

Por Silvina Friera

La poesía –“esa larga y prolongada vacilación entre el sonido y el sentido”, desde la perspectiva de Paul Valéry– anda vibrando por las paredes de las aulas del país con una potencia que rompe las murallas de arcaicos prejuicios. Alrededor de 2000 alumnos de los diversos niveles educativos –inicial, primario, secundario, educación especial y artística– y sus docentes participarán del VI Festival de Poesía en la Escuela, que comienza hoy en la Escuela Primaria 12 y Escuela Media 46 (Río Sarmiento, Delta del Tigre) con una lectura de Diana Bellessi. Los 30 poetas invitados –Paulina Aliaga, Marcelo Carnero, Javier Cófreces, Lucio L. Madariaga, Alberto Muñoz, Eduardo Mileo, Alicia Genovese, Marcelo Carnero, Romina Freschi, Victoria Schcolnik, Silvia Castro, Gabriel Reches y Ricardo Cabral, entre otros– leerán sus propios poemas pero también los de algún maestro o maestra para trazar una especie de gran red entre generaciones. Como todos los años, habrá talleres de poesía y arte visual, de poesía y juegos teatrales, de Kamishibai, de libros artesanales y de investigación y creación digital, por mencionar algunas de las opciones. En la Escuela Alfonsina Storni, de Casa Grande (Córdoba), se pintará un mural colectivo en base al libro El árbol de lilas, de María Teresa Andruetto. El cierre, el miércoles 17 de septiembre, se hará por primera vez en Tecnópolis, con un homenaje a Juan Gelman.

El festival, organizado por las poetas Alejandra Correa y Marisa Negri, cuenta con el apoyo del Ministerio de Educación de la Nación y la Fundación Flechabus. “Cierro los ojos, y otra vez es el primer festival y estamos reunidos en la casa de Alejandra con muchos poetas viéndonos las caras por primera vez –recuerda Negri a Página/12–. Y aquí estamos, cinco años más tarde, la gran mayoría sigue con alegría participando del festival, y aunque la vida nos va mudando –literalmente en mi caso– hay algo que fue fundado y que permanece. Una alianza, una manera de mirar y de brindarse. Y eso nos hermana. Los chicos nos esperan, los más grandes proponen seguir participando, aunque ya dejaron la secundaria y se organizan para ir a susurrar a otras escuelas.” Correa cuenta que hay jóvenes egresados de las escuelas por donde ha pasado el festival que siguen en contacto como susurradores o se acercan a colaborar. “El año pasado se tejieron lazos muy hermosos con chicos de la Escuela 3 del barrio de Floresta. Allí recibieron al festival con una gran producción. Las bibliotecarias tenían un día de lectura de poesía, una silla especialmente decorada para el lector, y los chicos estaban fascinados con esta posibilidad de ‘decir’ un poema que habían aprendido de memoria, pero sin ser torturados con la memorización, se veía el disfrute. Fue realmente emocionante escucharlos recitar a coro ‘La muralla’, de Nicolás Guillén. No sólo eso, los chicos habían investigado y leído a los poetas que iban ese día: Leonardo Martínez, Selva Dipasquale, Inés Manzano y Miguel Martínez Naón. Una de las chicas que pidió decir un poema en voz alta miró a Selva Dipasquale y le dijo: ‘Voy a recitar un poema tuyo’. Imaginate lo maravilloso de la situación...”

El año pasado, Correa –que nació en Uruguay y desde los tres años vive en Buenos Aires– regresó a la escuela del barrio de Almagro donde cursó desde jardín hasta tercer grado. “Fue una emoción enorme poder entablar un diálogo con los chicos de hoy en ese lugar tan querido que fue mi primera escuela, donde aprendí a leer y a escribir”, confiesa la poeta, autora de Cuadernos de caligrafía y Los niños de Japón, entre otros poemarios. “Cada año que volvemos a la Escuela Portal del Sol, de Tapiales, tenemos a los pequeños poetas detrás nuestro para mostrarnos lo que acaban de escribir. Y la situación se repite en otras escuelas. Los docentes de todo el país nos escriben, nos preguntan cómo pueden sumarse, cómo pueden leer o intentar que los chicos escriban. Verdaderamente es conmovedor para nosotras ver cómo se multiplica la propuesta.” Negri advierte que falta mucho camino aún por recorrer. “La poesía sigue siendo esa unidad de la currícula que se deja para fin de año, cuando ya todo lo importante está dado. El gran desafío es conquistar el corazón de los maestros, porque con los chicos no nos ha costado nada, ha sido jugar, tomar prestado de aquí y de allá, leer, escribir... Pero los maestros tienen que relajarse más, no estar presos de los horarios, los timbres, los libros de texto, para experimentar otras cosas.” Correa plantea que se proponen actividades para “perderle el miedo a la poesía”. “El prejuicio mayor es el de la dificultad de abordaje de la poesía. Queremos convencer a los docentes de que la poesía para un chico o para un adolescente es un lenguaje cercano. Que en esa edad hay permeabilidad a la poesía y lo que hay que hacer es ofrecer y dar a conocer. Mediar. Pero es el propio docente el que debe experimentarla en primer lugar.”

Tecnópolis será un escenario ideal para concluir la sexta edición del Festival de Poesía en la Escuela. “Este año contamos con el apoyo del Ministerio de Educación de la Nación, con el que venimos dialogando desde hace tres años, realizando intercambios de ideas y experiencias, aportando lo que podemos desde nuestro lugar, que es autogestivo –explica Correa–. Estamos felices porque el ministerio entregará 10 mil bibliotecas de poesía para las escuelas secundarias de todo el país, cada biblioteca con 80 volúmenes, entre los que se encuentran poetas como (Juan Carlos) Bustriazo Ortiz, Jorge Leónidas Escudero, Diana Bellessi, Joaquín Giannuzzi, Alejandra Pizarnik y Juan Gelman. De hecho, la biblioteca llevará el nombre de Juan Gelman. Siempre hemos insistido con que uno de los problemas que teníamos que solucionar era que en las escuelas no había libros de poesía. Estas bibliotecas además implican una inyección de energía para las pequeñas editoriales independientes que fueron elegidas para editar 10 mil volúmenes de cada libro. Y para los poetas, a los que les han pagado derecho de autor. Es una movida importantísima.”

Cuando murió Gelman, en enero de este año, muchos chicos que están en el grupo de Facebook de Poesía en la Escuela les escribían a Negri y a Correa para darles el pésame y posteaban poemas del escritor en el muro. “Eso es invalorable. Que un joven de 15, 17 años sepa quién fue Gelman, que lo asocie a Poesía en la Escuela, porque lo conoció a través de nosotros, es comprobar que el trabajo ha rendido sus frutos –dice Negri–. En el cierre participarán Alicia Genovese, Julia Magistratti, Sergio de Matteo y Lucio Madariaga, habrá un homenaje a Gelman, realizaremos talleres con su obra, leeremos poemas con los chicos, realizaremos una instalación interactiva. Cuando estábamos organizando el segundo festival, en 2011, Juan nos envió un mensaje que decía: ‘Este festival tiene un gran valor: lleva a las escuelas poesía de verdad, la que aprendemos a amar, la que nos ayuda a pensar y sentir con el espíritu sin errores de ortografía ni sintaxis imperfectas. Saludo a sus organizadores de todo corazón y ojalá este ejemplo cunda y abrigue a los alumnos del país entero’. En eso estamos, en que Poesía en la Escuela cunda y abrigue.”

* Programación en: poesiaenlaescuela.blogspot.com


Experiencias reunidas

Después de cinco ediciones, el Festival edita Poesía en la Escuela: Cómo leer y escribir poesía en el aula, escrito conjuntamente por Marisa Negri y Alejandra Correa. “Lo que nos propusimos con el libro fue reunir la experiencia de veinte años de docencia de Marisa sumada a la experiencia de Poesía en la Escuela. Partimos de personas que escribieron sobre el tema del taller de escritura. Libros valiosísimos, como el de Gloria Pampillo, Lidia Lardone y María Teresa Andruetto –subraya Correa–. El libro tiene columnas de mucha gente a la que admiramos y valoramos porque han trabajado antes que nosotras en este camino. Por ejemplo, Angela Pradelli, la uruguaya Mercedes Calvo, Andruetto, Liliana Ancalao –ella habla de la ‘oralitura’, la poesía y la oralidad relacionadas con el pueblo mapuche–, Damián Masotta, Liliana Campazzo y Mirta Colángelo, que fue quien trajo al país la experiencia de los susurradores, entre otros.”

 Diario Página/12

SÁBADO, 29 DE AGOSTO DE 2015


CULTURA › FESTIVAL DE POESIA EN LA ESCUELA, UN MOVIMIENTO AUTOGESTIVO QUE VA POR LA SEPTIMA EDICION


La iniciativa de las poetas Marisa Negri y Alejandra Correa sigue multiplicándose. Para la edición que comenzará en octubre en escuelas de casi todo el país está lanzando una campaña de financiamiento colectivo a través de Panal de Ideas.


 Por Silvina Friera

La bandera de la poesía anda de mano en mano, de boca en boca. En el ágora de lecturas compartidas donde se sopesan las palabras, los silencios y las historias colectivas, el miedo y la dificultad –dos fantasmas que juegan sus cartas marcadas en el imaginario– declinan paso a paso, verso a verso. El Festival de Poesía en la Escuela es un movimiento autogestivo generado por las poetas Marisa Negri y Alejandra Correa que ha multiplicado, edición tras edición, un saludable efecto contagio. El placer por la poesía estaba escamoteado por una compleja telaraña de prejuicios que van cediendo lentamente. Más de 150 poetas y artistas han participado en distintas actividades con chicos y jóvenes de escuelas de nivel inicial, primario, secundario y especial. Han pasado por el festival Roberto Raschella, Diana Bellessi, Irene Gruss, Alicia Genovese, Reynaldo Sietecase, Alberto Muñoz, María del Carmen Colombo, Rodolfo Edwards, Romina Freschi y Lucio Madariaga, entre otros. “Un granito de arena más otro granito de arena...”, podría ser el lema de esta iniciativa que para su séptima edición –que se realizará del 5 al 16 de octubre en escuelas de casi todo el país– está lanzando una campaña de financiamiento colectivo a través de Panal de Ideas. Necesitan recaudar 13 mil pesos para útiles escolares, diversos materiales para los talleres y el traslado de los poetas a las escuelas de la provincia de Buenos Aires (San Fernando, Tigre y la isla Martín García).

Selva Almada, Osvaldo Bossi, Ruth Kaufman, Patricio Foglia, Natasha Deligiannis, Flor Codagnone y Roberta Iannamico son algunos de los poetas confirmados de la séptima edición. “En estos años se han acercado al proyecto poetas, docentes, gestores culturales, bibliotecarios, muchos quisieron sumarse al séptimo festival y por primera vez se nos va a cumplir el sueño de hacerlo en casi todo el país –cuenta la poeta Alejandra Correa a Página/12–. El grupo Pretexto, de Villa Mercedes (San Luis), se suma para ir a las escuelas; Peces del Desierto, un colectivo de Chubut, también. En Jujuy hay un festival joven que se llama ‘Sumergible’, que van a hacer actividades en las escuelas. Hay también poesía en la escuela en Toay (La Pampa), la patria de Olga Orozco. Cada uno en su lugar tomó esta bandera y la va a aplicar de acuerdo con sus posibilidades. Sabíamos que la única forma de que el festival creciera y se sostuviera en el tiempo era que se pudiera replicar en muchos lugares.”

Quizá la principal novedad de esta edición es la jornada contra la violencia de género que se hará el viernes 9 de octubre en la Escuela de Educación Técnica 1 de San Fernando (islas), coordinada por Marisa Negri. Habrá una entrevista pública de los chicos a la escritora Selva Almada, autora de Chicas muertas; el ciclo poemas urgentes, coordinada por Natasha Deligiannis, con lectura de Flor Codagnone; y un taller de Lucía Buceta, del Espacio Cultural Nuestros Hijos (ECuNHi). Habrá actividades en varias escuelas de la Ciudad: en la escuela Primaria 22, coordinadas por la poeta Silvia Castro; en el Liceo Nº 1 Ruth Kaufman dará un taller de escritura de poesía; en la escuela de Educación Técnica Otto Krause varios poetas leerán a un poeta elegido en una competencia donde uno se lleva una copa, coordinados por Sebastián Realini y Juan Alberto Crasci; y en la escuela Manuel Solá con Romina Freschi. El efecto contagio se extenderá al Gran Buenos Aires, a la Escuela Especial Portal del Sol (Tapiales) con el poeta Pablo Ramírez Arnol; a la Escuela 14 de Castelar, con Fabián Vique; a la escuela de Educación Estética Nº1 y Centro Educativo Complementario 801 en Coronel Suárez, con lecturas de Roberta Iannamico, Alfredo Holzmann y Luisa Orliacq; al Taller El Arbol del Cielo (Coronel Dorrego), con coordinación de Laura Forchetti; al Festival Paper Musa de La Plata, con Cristina Baroni y Matías Esteban, entre otras. Y también se realizarán versiones del Festival de Poesía en la Escuela en La Falda y Córdoba Capital, en Corrientes, Chaco (en una escuela del Impenetrable), Entre Ríos, Jujuy, La Pampa, Neuquén, Mendoza, Río Negro, Santa Fe, San Luis, Salta y Tucumán.


“Que el festival vaya creciendo, que cada uno busque en su lugar cómo acercar la poesía con lo que tiene a mano, está buenísimo. Este año calculamos que van participar unos 300 voluntarios, gente que dona su tiempo y su trabajo para acercarse a los chicos y leer. Creo que hemos logrado que la poesía sea accesible y que sea posible con un montón de acciones, como la biblioteca Juan Gelman del Ministerio de Educación y el trabajo de la Red Federal de Poesía. Hay un movimiento y un cambio respecto de hace unos años, cuando la poesía era para los propios poetas. Ahora la poesía es más accesible y circula más –subraya Correa–. Todos los que están cerca están buscándole la vuelta y eso implica un cambio de mentalidad; no esperar que venga una política cultural a decir que la poesía es necesaria y que hay que fomentarla, sino que sean los propios actores quienes tomen la bandera de la poesía.” Aunque generalizar implica simplificar demasiado cuestiones más complejas, se podría afirmar que los poetas han salido de “la Torre de Marfil”. Correa, autora de los libros de poemas Río partido (1998), El grito (2002), Donde olvido mi nombre (2005), Cuadernos de caligrafía (2009) y Los niños de japón (2010), plantea que muchos poetas se dieron cuenta de que “la poesía está al lado de la gente y no en su cómoda parcela”. Cuando Marisa (Negri) hizo circular un pedido para leer en las escuelas en 2010, ella pensó que iban a ir cinco o seis y se anotaron treinta y cinco poetas. Marisa dijo: “Si tengo treinta y cinco poetas, tengo un festival”. “Si el festival triunfó, fue gracias a los poetas.”


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Sábado, 19 de septiembre de 2015 01:00

Buenas lecturas compartidas con los poetas

Una propuesta rescata el valor de la poesía para los adolescentes y jóvenes. En octubre llega en forma defestival a las aulas.

La iniciativa pretende devolverle a la poesía un lugar protagónico entre los estudiantes.
Paulina Schmidt 


“La poesía es una forma de vincularse, que permite interpretar y conocer el mundo, y tener una mirada más sutil sobre las cosas”, señala la profesora en letras Rosana Guardalá, acerca de un género que busca mayor difusión y protagonismo en la escuela. Un Festival de Poesía en la Escuela que se realiza en todo el país desde 2010 propone precisamente afianzar esta lectura, escuchar el relato de un poema en la voz de su autor, sorprenderse con aquellas imágenes y sensaciones que se vuelven palabras, o despertar la imaginación y la producción a través de talleres. Este encuentro vincula al alumno con el poeta contemporáneo en un espacio diferente al del aula, que no genera una obligación, tampoco una actividad curricular. Este año el encuentro de la palabra escolar se desarrollará entre el 5 y 18 de octubre en casi todas las provincias del país. En Rosario, la actividad está prevista para los días 15 y 16 de octubre en la Escuela Territorial Insurgente Camino Andado (Etica), una secundaria para adultos de Nuevo Alberdi, y la Escuela Secundaria Nº 243 José Manuel Estrada.
  “Se trata de devolverle a la poesía un lugar protagónico y también sacarle a los que escriben el aura de elegidos o inalcanzables. El escritor comparte su poesía con los alumnos, y se genera algo maravilloso en esos días, porque los chicos siempre se sorprenden al escuchar poesía”, señala Guardalá, quien colabora en la organización de este festival en la ciudad. En la tarea de contactar a las escuelas participantes y convocar a los poetas lectores, asegura que la actividad permite visibilizar a los autores más jóvenes y menos conocidos a la par de los consagrados. “Existe un diálogo fluido, donde se vinculan y reconocen mutuamente, así descubrimos en la misma sala a poetas jóvenes como el chaqueño Franco Rivero escuchando a Alicia Genovese”, destaca. Además de las mesas de lectura, hay talleres de poesía y arte para chicos, que vinculan la obra de algún autor con otros lenguajes como la música, las artes visuales y el teatro.

Más cotidiana. “La poesía contemporánea parece menos metafórica y más coloquial, no es aquella que aprendían antes los alumnos de memoria, insufrible por su retórica y léxico, y que tenía cierta musicalidad y juego que hacía que perdurara en el tiempo. Hablar de un puchero, del amor a partir de la cocina, son formas de expresión más vinculadas con la cotidianidad, que logran que nos identifiquemos con aquel que escribe, siente y le pasan las mismas cosas”, continúa.
  “La poesía permite abrir y explorar el mundo de la escritura y lectura, es como ver en el pliegue”, explica Guardalá. La profesora asume que siempre le pareció un género amable para vincularse y compartir con otros, pero que también percibe cierta resistencia debido al desconocimiento o desinterés de algunos docentes que la consideran oscura. “Los docentes que se animan a correrse del significado y abrir los sentidos, capitalizan la práctica”, analiza.
  Entre los recursos adecuados para incorporar en el aula, Guardalá valora precisamente la propuesta del festival, que acerca los poetas a la escuela y trata de sortear la distancia que existió siempre entre el que escribe y el que lee. “Un poeta es una persona que como cualquier otra tiene un trabajo, una vida y una familia, y que también los chicos sepan que a este poeta lo inspiran y movilizan otros poetas. Compartir la lectura en voz alta es una manera de acercar también a aquellos chicos que no les gusta leer o les da vergüenza. Algunos dicen que es más fácil leer narrativa, y se resisten cuando observan un glosario debajo o una referencia que dice siglo XIX, para ellos significa la prehistoria, que implica un trabajo extra para decodificar y entender qué quiso decir el autor, una pregunta que se formulaba veinte años atrás”, continúa Guardalá, a cargo de la cátedra de análisis de texto en el Profesorado de Letras.
  Escuchar un poema y quedarse con el eco es una sensación maravillosa que también sucede en el aula. “Los alumnos pueden describir una imagen, expresar sus emociones o contar una historia a través de la poesía, sólo hay que invitarlos a que se acerquen. Producir un escrito es algo que atrae a los adolescentes, y que si lo desean durante el festival podrán leer en voz alta a la par de los poetas”. Guardalá sugiere escribir a partir del juego, el nombre propio, o la comparación de imágenes.
  “A veces aparecen en el aula esas ensaladas que mezclan los versos de Sabina o Fandermole con García Lorca o Rubén Darío, y esto hace que se pierda el sentido de la poesía. Para ingresar al universo de la poesía, primero hay que desmalezar un poco, ubicar al alumno, y enseñarle que un autor de otro siglo no escribió igual que uno contemporáneo, tampoco se pueden leer sus poemas del mismo modo”.

En voz alta. El festival comenzó en 2010 en cuatro escuelas de Buenos Aires: dos de Capital y dos del Conurbano. Marisa Negri, docente del nivel secundario, convocó en ese momento, a través de las redes sociales, a poetas que quisieran leer en las escuelas, “35 amigos se mostraron interesados en participar”, recuerda todavía con asombro respecto al proyecto que impulsa y coordina con Alejandra Correa, gestora cultural y poeta.
  “Sentíamos que había un espacio que la poesía no ocupaba en la escuela, un lugar para explorar. Al principio íbamos a todas las escuelas del país, luego armamos una red y realizamos dos encuentros con docentes de todo el país con la idea de pasar la posta, así es como hoy existen actividades relacionadas con el festival en casi todas las provincias”. Marisa vive en la comunidad del Delta en San Fernando desde hace tres años, su carrera docente siempre estuvo vinculada con la escritura de poesía, y ahora también con la naturaleza.
  “En la educación resulta difícil medir cuánto de lo que uno hace como mediador de lectura o tallerista se recibe, pero hay que seguir insistiendo para que lleguen los resultados. La poesía no es un discurso racional, tampoco mide qué aprendiste o el subrayado de adjetivos o metáforas, y ahí es donde si el docente no abre su corazón y su sensibilidad no pasa nada. A veces los chicos preguntan para qué leemos, y les decimos que ?para nada? porque es necesario correrse de ese lugar utilitario de la palabra. Entonces aclaramos que no van a hacer luego un trabajo práctico de 10 horas, que leemos para saber qué opinan, si les gusta o no, si se conmueven. Pero para que esto suceda también hacen falta equipos directivos que apoyen estas posturas”. La escritora destaca la Colección de poesía Juan Gelman, integrada por 80 títulos de más de 500 autores de la Argentina y el mundo que se incorporó el año pasado en las escuelas secundarias públicas e institutos superiores de formación docente del país.


Encuentros en Santa Fe

Los encuentros están previstos para el jueves 15 de octubre en la Escuela Etica, donde la la poeta Maia Morosano leerá a Alda Merini y a Blanca Andreau, y la poeta Ale Méndez leerá a Viel Temperley y a Beatriz Vallejos. El viernes 16 de octubre en la Escuela Nº 243, lo hará la poeta Caro Musa con poemas de Jacques Prévert, Elizabeth Bishop y Nicanor Parra entre otros; y Rocío Vergara Muñoz leerá a Laura Casielles, Alejandra Pizarnik, Jesús Lizano, Raymond Carver, Miguel Hernández y Wislawa Szymborska, entre otros.
  En Santa Fe, el encuentro será el miércoles 7 de octubre en la Escuela Cristiana Evangélica 3044, a través de un taller de poesía. Para conocer el cronograma completo de actividades propuesto por el Festival de Poesía, consultar el blogspot poesía en la escuela.

Presentan libro en Rosario

El viernes 25 de septiembre a las 18 horas en la Biblioteca Argentina, las impulsoras de los festivales de poesía escolares Marisa Negri y Alejandra Correa presentarán el libro “Poesía en la escuela”; y el sábado 26 a las 10 en la Asociación de Graduados de Letras de Rosario, dictarán el taller titulado “Cómo leer y escribir poesía en la escuela”. Será en el marco del 23º Festival Internacional de Poesía Rosario que se extiende desde el jueves 24 al 27 de septiembre.
  Esta publicación que recoge las prácticas docentes durante el camino recorrido por las autoras a través de la poesía y las actividades de los talleres, también incluye la participación de María Teresa Andruetto, Mercedes Calvo, Liliana Campaso entre otros. “Desde un lugar concreto y actual se que le propone al docente cómo trabajar el tema en el aula y de qué manera definir las pautas para que una actividad creativa se convierta en taller. En el libro citamos algunas prácticas que realizamos, para que luego cada docente pueda recrearla en su lugar de trabajo, y encuentre una manera compartirlo con la comunidad”, explican las autoras.

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