Día dos: Zitarrosa, susurradores y un mapa imaginado

El segundo día del III Festival estuvo sazonado por una gran variedad de voces y registros.




A la mañana, mientras el equipo de grabación del Canal Encuentro se acomodaba en un aula para registrar las voces de los jóvenes poetas del Liceo 1; la titiritera Nina Franco y la poeta Marisa Do Brito Barrote desplegaban la propuesta de un taller a partir de la letra del tango Marionetas de Armando Tagini; los chicos montaban un stand con cientos de libritos artesanales que habían preparado; y, en el salón de Actos, el equipo de susurradores daban la bienvenida al público participante.




En la mesa de lectura los poetas invitados tomaban posición. Las palabras de la rectora del Liceo 1, Margarita Soldavini fueron seguidas por la bienvenida que dieron las coordinadoras del Festival, Marisa Negri y Alejandra Correa, como punto de partida.
A continuación el poeta Eduardo Mileo presentó al colombiano José Asunción Silva, el poeta que él había elegido para compartir con los chicos. "Nocturno, es un poema que leí cuando tenía 14 ó 15 años y con el que descubrí la musicalidad de la palabra", contó Mileo. Julia Magistratti les acercó un poema que Joaquín Giannuzzi le dedicara a su nieto Nicolás. "Pienso que, de alguna manera, es un poema que nos ha escrito a todos nosotros", señaló.



El poeta Marcelo Carnero había elegido a una rara avis: el poeta sirio cuyo seudónimo es Adonis. "Si la poesía tiene una circulación compleja, ¡imaginen lo difícil que es que nos llegue un libro de poesía siria¡", reflexionó.
Por su parte el poeta rosarino Marcelo Cutró, había elegido a un amigo cercano para sumar al encuentro. Se trató del argentino Javier Cófreces a quien destacó por su labor como editor y poeta. 
A continuación cada uno de los invitados leyó un poema propio. Los chicos estaban muy concentrados en la lectura y hasta exclamaron admirados con algún poema que los cautivó.



Luego de un breve recreo que sirvió para probar el sonido, Mariano y Santiago Fernández de la banda Me darás mil hijos, tomaron la posta.
"Los dos vinimos a esta escuela secundaria. Yo era medio vago - confesó Mariano- pero recuerdo que una profesora de literatura me insistió para que mandara una poesía a un concurso que finalmente gané. Estoy emocionado de volver a esta escuela", confesó. Y las guitarras comenzaron a sonar. Su voz profunda recuperó la memoria de Don Alfredo Zitarrosa, periodista, poeta, cantante. "Escuchen esta letra, presten atención a lo que dice", señaló antes de entonar Adagio a mi país
De esta manera terminaba la jornada en el Liceo 1.


Por la tarde, el Festival desembarcó en la Escuela de Educación Artística de Morón. Esta vez la propuesta estuvo centrada en tres talleres de arte. La poeta Valeria Cervero y la artista visual Vivi Chaves, trabajaron con un poema de Laura Devetach. Los chicos escribieron palabras en hojas secas y con ellas armaron poemas.
El artista plástico Gabriel Rodríguez Acuña, realizó un taller de poesía y stencil con los más chiquitos, a partir de haikus de Basho y de Octavio Paz.
Un capítulo aparte merece el taller que llevaron adelante Pablo Runa, Ana Adjiman y Claude Farías, donde los cuarenta chicos de dos comisiones se dedicaron a diseñar la cartografía del país imaginario (taller transversal de este Tercer Festival).

Cuando las tareas concluyeron y los chicos merendaron al sol del patio escolar, todos reunidos en un salón compartieron la lectura con los poetas que los habían visitado. Romina Freschi había llevado para leer poemas de la poeta peruana Blanca Varela y poemas propios donde los perros eran los protagonistas. Por eso, a todos les resultó muy divertido cuando, al finalizar la lectura, Romina se puso a ladrar y tuvo una gran respuesta del público.

La poeta Clara Vasco leyó a Clarice Lispector y un poema de su libro Lavandera de la noche, mientras Miguel Martínez Naón y Agostina Paradiso recitaron a Miguel Hernández y los chicos pidieron "otra vez, otra vez", a coro. Después Miguel, leyó un poema suyo sobre sus infancias: "Todos tenemos una infancia, pero yo tuve dos -contó. Una en México y otra en Argentina". 
A continuación, los chicos que habían participado de los talleres comentaron el trabajo realizado y hasta se animaron a leer poesías.


Los cartógrafos del País Imaginado sorprendieron a todos con países donde convivían espirales de chicles, con cementerios, abismos con puentes, muelles hacia el extranjero, estatuas de zombies, zoológicos y parques de diversiones.
"Este país que se llama El País que se fue, tiene una capital que se llama La Capital que vino", explicó una de las nenas.
La historia se siguió construyendo, más allá de la distancia. El país cobijó en esta jornada, a chicos, poetas, artistas visuales, docentes, escuelas, en un clima de alegría y encuentro.

               

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