Primeras dos jornadas de Festival: niños recitadores y lanchas

En las primeras dos jornadas del IV Festival de Poesía en la Escuela, chicos de 6 a 19 años han compartido la lectura y escritura de poesía, talleres de títeres, arte visual y charlas con poetas.

Ayer, los chicos de la bella Escuela 3, DE 11, del barrio de Floresta, recibieron al Festival con una gran producción. Hasta allí llegaron los poetas Leonardo Martínez, Selva Dipasquale, Inés Manzano, y Miguel Martínez Naón, con poemas de Javier Villafañe, Nicolás Guillén, Joaquín Giannuzzi, José Martí y María Teresa Andruetto. 



En un primer momento, los chicos de segundo grado, reunidos en la biblioteca, charlaron en un mano a mano con Leonardo Martínez, quien les contó como era la vida en su Catamarca natal. 

En tercer grado, Selva Dipasquale sorprendía a los chicos con una caja llena de objetos maravillosos que hicieron de disparadores a una serie de poemas y en primer grado, Inés Manzano y Marisa Negri, proponían a los más chiquitos, la creación de acrósticos con las iniciales de sus nombres.

Luego, reunidos en el Salón de Actos, decorado para la ocasión, los poetas y los chicos intercambiaron poemas. Curiosamente, los chicos habían aprendido muchos poemas de memoria y tenían muchas preguntas interesantes para los poetas. La muralla, de Nicolás Guillén, en un contrapunto entre el público y Miguel Martínez Naón; la poesía Brian, que una de las nenas le recitó a su autora Inés Manzano, mirándola a los ojos; las palabras conmovidas de Dipasquale sobre la necesidad de que todos se dieran la oportunidad de sentir y escribir poesía, fueron algunos de los momentos más bellos de la jornada.

 



Las preguntas sobre la inspiración, sobre la infancia de los poetas y las circunstancias de los poemas escritos, fueron los diferentes temas que se abordaron en un cuestionario rico de matices, producto del trabajo previo realizado por Rosa Astolfo y Elsa Romero.


Al finalizar la lectura, los chicos pidieron autógrafos a los visitantes, haciéndolos sentir algo así como estrellas de rock.

Por la tarde el IV Festival desembarcó en el Colegio Nicolás Avellaneda. Mientras la titiritera Nina Franco y la artista visual Ana Adjiman, realizaban un taller en cuarto año, en el salón de actos, los poetas comenzaban la lectura. En esta ocasión, al argentino Gabriel Reches, se sumaron los mexicanos Mario Alonso López, Juan Carlos Quirós y Julio Ceballos, de Transpoesía, una red poética con puntos de contacto en México, Costa Rica y Argentina.


A la lectura de poemas propios, se sumaron las voces de poetas mexicanos y del argentino Joaquín Giannuzzi. Luego algunos chicos se animaron a leer algunos poemas propios, realizados junto a sus docentes Verónica Zorzano y Mónica Melo. Y en el cierre fue la charla entre todos.


Por la noche, en la Casa Nacional del Bicentenario, se realizó el acto de apertura, con la participación de los poetas Irene Gruss, Laura Yasán, Alvaro Mata Guillé (Costa Rica) y Fabiana Amaro (México).


Hoy, en la segunda jornada del Festival, el desembarco fue a tempranas horas de la mañana en el Puerto Fluvial del Tigre. Hasta allí se acercaron la poeta rosarina Verónica Laurino, Marcelo Carnero, Victoria Schcolnik y Lucio Madariaga; y los artistas visuales Inés Abeledo, Gabriel Martino, Ana Adjiman. A bordo de la lancha de maestros Río Luján, el equipo de poesía en la Escuela remontó el Delta hasta la segunda sección, en San Fernando. Allí los esperaban alegremente, los chicos de la EP 20, quienes habían decorado la escuela de la mano de sus maestras.


Luego de que cada poeta visitara un grado diferente, charlando y proponiendo juegos de palabras, primeros pasos poéticos y lecturas a los chicos, hubo una lectura en el comedor escolar, en un clima festivo. Ana Adjiman y Gabriel Martino habían desarrollado un taller con cajas-origami, construidas con hojas de poesía que contenían diversos objetos sonoros y que dieron lugar a nuevos poemas de los chicos. Por su parte, Inés Abeledo, se propuso trabajar con el poema El río, de Verónica Laurino. Y los chicos dibujaron un contínuo de orillas donde era posible ver los barcos, las lanchas, las casas y la vegetación del Delta.


Por la tarde, todo el contingente se dirigió a la vecina Escuela Técnica Nro 1, donde los chicos que habían participado de la edición artesanal de Poemas del agua, pudieron leer junto a los poetas.

Todos regresaron en lancha hacia la ciudad, dejando atrás la sinfonía de ocres y naranjas, de los otoñales paisajes del Delta.

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