Segunda jornada del VII Festival: Villa Mercedes, Ciudad de Buenos Aires, Isla Martín García, La Plata y Tucumán

Noticias desde Villa Mercedes, San Luis. 



“El amor es como un bebé recién nacido, no se sabe si vive hasta que llora”
-Macarena, 11 años-

Turno mañana y turno tarde de la Escuela Sgto Romero, en el Barrio San José, fueron las citas con las que comenzamos nuestras actividades de Poesía en la escuela. Y allí estuvimos: Silvia Delaunay y Estela Domínguez por la mañana, y Nancy Toselli, Darío Miranda y Juan Luna por la tarde, y en los dos turnos oficiando de coordinador el poeta Patricio Torne. 

Por la mañana se leyeron textos de Teuco Castilla, Lorca, Hamlet Lima Quintana y Pablo Antonio Cuadra. Por la tarde, a su vez, poemas de Marosa di Giorgio, Miguel Gaya, Silvia Castro y Juan L Ortíz y en ambos turnos lectura de poemas propios. 

Lo que ocurrió bien vale un libro para anotar emociones. Aquí, a las lecturas le siguieron las palabras sueltas, las anotaciones de los niños y el desarrollo de alguna consigna breve y al paso que terminaron en pequeños textos, dibujos y la alegría de sentirse dueños de lo que se estaba leyendo, lo que se estaba fotografiando, lo que, de algún modo,  nos traeríamos. 

Entre otros, aquí van algunos textos:

“La rosa es bella, demasiado bella. Sus pétalos son rojos como los labios paspados de un niño”
-Tamara,  12 años-

“Los sauces crecen a orillas del río, por el campo. En los días lluviosos me gusta sentarme a orillas del sauce a pensar. Cuando estoy triste me gusta pensar. Me gusta el ruido de sus hojas y sentir el aire fresco en mi rostro, escuchar el ruido del agua al correr por los recodos del río”.
-Débora, 12 años-

GRATITUD

Gracias a lo que nace
a lo que muere
a la uña
las alas
a la hormiga
los reflejos
el viento
los granos
la locura

Muchas gracias gusano
gracias huevo
gracias mamá papá

Gracias a la escuela
gracias mi Señor

                   Gracias por todo
                    Muchas gracias.
                                               - Lina,  10 años-

Por la mañana, en el secundario Otto Krause, de la Ciudad de Buenos Aires, se desarrollaba el Mundial de Poesía, conducido por los poetas y editores Sebastián Realini y Juan Alberto Crasci. Los acompañaba el poeta y letrista ocasional (así se definió) Ricardo Cabral y el docente del área de lengua del colegio (y también poeta) Walter Veigas.



El Mundial contó con la participación de ocho poetas que "compitieron" representando la poesía de ocho países. Ellos son: Daniel Castelao - Italia; Walter Godoy - Argentina; Cecilia Perna - Uruguay; Camila Brizuela - Rusia; Maite Esquerré - Chile; Melina Alexia Varnavoglou - Polonia; Alfredo Viudez Barrera - Haití; Quinto Díaz - Alemania. 

Nos cuenta Ricardo Cabral: "Intensa y emotiva jornada del Festival de Poesía en la Escuela en la ET Nº1 OTTO KRAUSE con el Mundial de poesía y la final Alemania-Italia donde se impusieron los tanos. Un comienzo alucinante con la lectura de una carta de Javier Cófreces y mención a la partida del gran Jorge Pistocchi del Expreso Imaginario, ex alumno del establecimiento. Otro año propiciando la multiplicación de versos a través de esta noble actividad."

Uno de los chicos del Otto Krause, Fernado Hadad - 4º ET 3ª (Electrónica), leía este poema llamado "Las Cosas":

"Las cosas lentas nos regalan tiempo. Son como sombras que ensanchan lo tangible; como ríos caudalosos que corren y corren hacia el mar infinito, el mar del caos repentino que enorgullece hasta al mas débil de los mundos. Ese mundo somos nosotros.
El Pulpo de 7 Cerebros asoma su cabeza y llora al ver la indiferencia humana. Las cosas lentas nos regalan tiempo. La araña crepita, en su sufrimiento atroz, culpa del karma obligado. Sólo es observada por su ojo interior que está poseído por una fuerza suprema que se impone ante la lánguida muchacha. Las cosas rápidas nos matan lentamente.
La rueda avanza hacia su daga, que está oculta, y nos llama a través de motores. Las cosas... Las cosas... El amo del numen me impide el flash (ese flash que ilumina) y me envía al presente tangible de las sombras que ensanchan lo real. Las cosas lentas nos regalan tiempo. Las cosas rápidas nos matan lentamente. La rueda aburrida avanza hacia la daga y la araña, que paciente sufre, es aplastada.
No hay opción. "Disfrutemos lo lento", enuncia el Ojo Sabio, "antes de llegar a fundirnos con el viento lumínico impalpable, de ser el aura de un árbol superior, o de llegar a volar entre Júpiter y una sonrisa. Todo es táctil, todo. Hasta que llega el dictamen de la mente que ve el mar del caos.
Basta velocidad. Las cosas lentas nos regalan mucho, mucho tiempo."


Por su parte el docente y poeta Walter Veigas, señaló que "Hoy los poetas invitados por la editorial Años Luz hicieron vibrar a nuestros chicos con poemas de Ungaretti, Zurita, Girondo y tantos otros! Incluso algunos alumnos hicieron slam y leyeron sus poemas... y hasta firmaron autógrafos para unas compañeritas de primer año que quedaron enamoradas. ¡Viva la poesía!"

La copa fue para Daniel Castelao y la poesía de Italia.

A ellos se sumó la nueva generación de poetas del Otto Krausse en la modalidad Slam.


Como señala Ricardo se leyó la carta que el poeta Javier Cófreces, editor de Ediciones En Danza, le escribió a los chicos de la escuela donde el mismo cursó la secundaria.

Compañeros: mi nombre es Javier Cófreces, soy poeta, editor y técnico químico egresado del Otto Krause. Para empezar les diré que en este colegio pasé los peores años de mi vida de todos modos no se aflijan que este relato tiene final feliz…
Cuando tenía 12 años y ya escuchaba a Pappo y Spinetta, mi vocación era diseñar autos y por eso ingresé al Krause. En tercer año comprobé que eso no lo enseñaban en esta escuela, pero ya era tarde… Estaba enmarañado en materias previas que debía rendir, y cambiarme de colegio era “un chino”. Además aquí me había hecho de buenos amigos.
Por lo tanto me incliné por la química y egresé con el título en 1975.
Justamente, cuando promediaban esos “no estudios” fue cuando llegó la poesía a mi vida.
Comprobé que lo que más me entusiasmaba era leer a los poetas beatniks norteamericanos y a los surrealistas franceses. Tal vez el disco “Artaud”, del flaco Spinetta, influyó en esa elección. Entonces empecé a escribir como un desaforado y en 1974 publiqué mi primer libro, a los 17 años.
Entre los mejores recuerdos vividos en esta casa aparece la inauguración del “Aula Che Guevara” en la planta alta, año 1973. Su rostro estaba pintado con esténcil rojo en la pared de entrada. Me parece estar viéndola... No duró demasiado, a las pocas semanas los fachos ya la habían tapado con pintura negra.
Ese mismo año habíamos tomado el colegio, en contra de una ley que depreciaba el valor de los títulos técnicos. Más de doscientos alumnos pasamos tres días y dos noches durmiendo en los talleres. Sólo salíamos de a grupos para marchar y reclamar la derogación. Por supuesto que matizábamos la protesta con otras consignas: “Ya van a ver, ya van a ver, cuando venguemos a los muertos de Trelew” o “Qué lindo que lindo que va a ser, el hospital de niños en el Sheraton hotel” y otras por el estilo. Poco tiempo más tarde, el Krause se convirtió en una pesadilla, ya que el terrorismo de
estado había ingresado al colegio y los celadores estaban armados y había profesores que eran de los servicios. En 1975 secuestraron a dos compañeros de la UES, que no vimos nunca más…
Mientras todo esto sucedía el fervor poético aumentaba en mi vida. Consecuentemente, dentro de la escuela ya se había instalado mi vocación. Por lo tanto, los profesores no me llamaban a dar lección por mi nombre: “Que pase el poeta”, decían. Como era de esperar, el poeta no sabía nada de química orgánica, ni analítica, ni cuantitativa…Era un papelón tras otro. Así fue que comencé a borrarme de clase y a quedar libre. Me convertí en un auténtico ratero que vivía en los bares de Paseo Colón leyendo a Paul Eluard y a Allen Ginsberg, nada de aprender ecuaciones ridículas. Prosperar en los estudios se me hizo muy cuesta arriba, un tormento. Prácticamente sólo iba al colegio a efectuar mi acción poética, que consistía en dejar poemas en alguno de los bancos para que alguien los leyera. Fue parte de mi militancia. Entre esos textos estaban los versos de Santoro, de Urondo y de Bustos, tres poetas argentinos asesinados o desaparecidos.
En síntesis, para mí el Krause fue una gran equivocación. De hecho, salí de la escuela e ingresé en Filosofía y letras, pero dentro de esta casa surgió aquella chispa poética que me marcó en la vida. Asumo con gratitud ese fermento, y guardo cariño a este edificio y a esta institución. De hecho, el ingeniero del busto en el hall no tuvo la culpa de mi error al elegir colegio, ni que los genocidas tomaran el poder.
Reciban un gran abrazo, compañeros…


En ese momento Javier Cófreces estaba lejos de allí. Había viajado hacia la Isla Martín García con el numeroso grupo de Poesía en la Escuela que desembarcó en la mitológica isla.




Allí Gabriel Martino realizó un taller en base al libro Zoo Insular (con poemas del propio Cófreces y de Alberto Muñoz) que él mismo ilustró. En secundaria se dedicó a hablar de Argirópolis y la utopía.

Con la consigna de "Yo animal", los chicos de Jardín de Infantes, ilustraron sus propias invenciones. Mientras eso sucedía, otro grupo practicaba malabares con Pablo Capdemon y Melina y otro escribía el Rap de la Luna, inspirados en Federico García Lorca; y más allá Iosi Havilio se dedicaba al cadáver exquisito, ese procedimiento surrealista para escribir un poema colectivo.

En Tucumán, Candelaria Rojas Paz contaba que se sumó la Escuela Primaria Dean Gregorio Funes donde se realizó un taller de coplas sobre la amistad y la naturaleza con relación al 12 de octubre y se produjeron textos para el libro de artista que están preparando los chicos con el área de plástica. Los más chicos trabajaron con el color de las palabras.

En la Escuela 22, del barrio de Almagro, en la Ciudad de Buenos Aires, la jornada de Poesía en la escuela comenzó al mediodía, en un patio estilo colonial, donde los chicos -de la mano de la poeta y bibliotecaria de la escuela, Silvia Castro- compartieron la lectura de los poetas Gabriela Franco y Alejandra Correa. Gabriela leyó fragmentos del libro de las preguntas de Pablo Neruda, de Zoo Insular (Cófreces y Muñoz) y del libro de límericks de Ezequiel Zaidnwerg, con ilustraciones de Carmen Cané; Alejandra leyó fragmentos de su libro (aun inédito) Si tuviera que escribirte. 


Luego fue el turno del dúo integrado por Eduardo Mileo y su hijo Santiago. Ambos son los autores de Bestias Pop. El hijo de 11 años ilustra con sus dibujos, el libro de su padre. Los chicos se entusiasmaron con la idea y realizaron dibujos y poemas a partir de esta lectura.


En tanto, la cantante lírica Carolina Bejar, trabajó con primero y tercer grado, la musicalidad de los limericks y Alejandra Correa realizó un taller donde los chicos de 6° y 7° escribieron cartas.


Inmensa, variadísima, con el trabajo de muchos buscando acercarse a los chicos y jóvenes para establecer líneas de diálogo donde la  poesía fluya en  su multiplicidad de voces y posibilidades, esta fue la segunda jornada del VII Festival. 

¡Y mañana, se va la tercera ¡

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