Tercera jornada: caligramas, libros artesanales y primeros versos



La tercera jornada del VII Festival de Poesía en la Escuela tuvo varios puntos de actividad: Santa Fe, Villa Mercedes (San Luis), Tucumán, Coronel Dorrego, La Plata, Sierra de la Ventana y Ciudad de Buenos Aires.




En Santa Fe, en la escuela ECEA la jornada comenzó con un taller de caligramas. La profe Abigail Raynoldi nos cuenta: "Luego de semanas de lectura de poetas latinoamericanos, los chicos escribieron sus propios textos poéticos y les dieron forma de caligramas, para luego colgarlos en los pasillos de la escuela. También se hicieron cajas expendedoras de poesía, que contenían poemas y se ubicaron en lugares estratégicos de la escuela para que cualquiera que pasara, pudiera sacar su verso diario."




Abigail sintetiza la experiencia de este trabajo, dos meses de talleres previos y esta jornada del VII Festival de Poesía en la Escuela, de esta manera: "Hace dos meses los alumnos de 2do año entraron en una experiencia particular con la palabra poética. Hace dos meses que son menos esclavos de las formas estandarizadas de mirar el mundo."

En Villa Mercedes, San Luis, el grupo comandado por el poeta Patrico Torne, nos cuenta que: "esta vez hicimos una visita a la Escuela de personal único, la Escuela Rural N° 35 Granadero Basilio Bustos, en el paraje Estación Río Quinto de la provincia de San Luis, donde Tatá Evangelista -directora, maestra, madrina, comadre, Compañera, portera y hermana-, a cargo de la escuela, había predispuesto todo de tal forma, que pasarnos el día en el lugar iba a ser una mezcla de lecturas, charlas e ingestiones con alumnos de distintas edades y generaciones, es imposible resumirlo en un informe. Allí se pueden encontrar, hermanitos y primos en la primaria, padres haciendo la secundaria, y adultos mayores haciendo la otra primara. Todo es tan extraño como todo es familiar. Una nieta, por ejemplo, concurre en calidad de maestra, y va con su madre que está terminando el secundario, y su abuelo que está instruyéndose para aprender a leer y escribir. Unos padres nos hicieron el asado del mediodía, y la poesía circuló con una naturalidad inaudita en el lugar. Los niños, a su vez ensayaron sus primeros versos. Arriamos la bandera con canciones alusivas y todos, absolutamente todos, celebramos este encuentro y no cabemos de tanta felicidad."


Participaron: Nancy Toselli, Darío Miranda, Silvia Delaunay, Vanesa Cuello y Patricio Torne. Leyeron textos de los poetas: Jotaele Andrade, Alfonsina Storni, Irene Gruss, Juan Luna, Franco Rivero, Hamlet Lima Quintana, Pablo Antonio Cuadra, Clara Vasco, Silvia Castro y Fernando Toledo.


Los chicos dejaron sus primeros versos:

El viento
sacude
la bandera
de la Patria.

-Ale, 9 años-


El viento hace remolinos
Tira la ropa y me puede llevar.
Es fuerte, sopla fuerte.
-Esmeralda, 9 años y Wanda, 8años-

El viento se aleja
El viento sopla
El viento se acerca

-Uriel, 7 años-


En Sierra de la Ventana, la Biblioteca Mariano Moreno sigue con su semana de Patio de Poesía, con actividades de lectura para los chicos. Hoy leyeron a Eva Murari.



En la Escuela Manuel Solá del barrio de Almagro en la CIudad de Buenos Aires, las actividades tuvieron epicentro en la Biblioteca Escolar donde Graciela recibió la visita de la troupe de poetas comandada por Romina Freschi, quien cuenta: "Nos visitaron los chicos de 4to y 5to grado y más tarde, 6to y 7mo. Leímos a Nicanor Parra, Juan Gelman, Joaquín Giannuzzi, Susana Thénon, Vicente Huidobro y Yosa Buson. Elegimos nuestras palabras preferidas, les cambiamos el nombre a nuestros zapatos y armamos unos libritos de poemas que dejamos en la biblioteca. La semana que viene volvemos a vernos con los chicos de 1ro a 3ro."




En Tucumán, la poeta y docente Candelaria Rojas Paz realizó una jornada para los más pequeños. "Hicimos poesía con los colores y con el cuerpo" en la Escuela Dean Funes. Prometen ampliar la información.




Nos escribe Laura Forchetti, desde Coronel Dorrego (PBA) y nos cuenta que coordinó un taller junto a Mónica Strasser. Nos manda la siguiente crónica: de la jornada en la Escuela Media N° 2.

Presentaciones, el Festival y la poesía como motivo abren la ronda. Y los teros, que pasan saludando por la ventana abierta.

Una de las pibas tiene sobre el banco un libro de poemas –De mi tía- dice. La invito a elegir alguno para leer.

Tomás cuenta que ellos también escribieron poesías. Busca en su carpeta y lee un poema de amor que me recuerda aquel de Góngora: Desmayarse, atreverse, estar furioso....

Alguien más quiere leer su poema y otro busca un caligrama que hizo a principio de año, una luna en movimiento y transformación.

                 
La luna que flota está escrito ahí y nos detenemos en los sentidos múltiples de eso.

Las preguntas, el verso libre, la estrofa, el qué es la poesía giran en la conversación.

Digo el nombre de la poeta elegida: Laura Wittner y el poema inicial escrito en un afiche: Receta de la abuela, de Lluvias. Lecturas y detenciones en las ideas, en los versos. 

Es una receta para escribir poemas, pero descubren –imaginan- referencias al mundo de la cocina: sonidos metálicos ¿ollas?  alarma ¿del microondas? 

Posibilidades, otra vez, de las palabras que dicen lo que dicen y además más y otra cosa.

El café para mantenerse despierta hasta que llegue el poema, para no perder al poema cuando se haga presente.

El lenguaje “normal” –dicen –manoteás es argentino.

Todos, todas quieren leer, leer en voz alta los poesías.

Vamos pasando los libros –leer del libro, mirarlo un poco, sentir el papel, las cubiertas suaves.

“Interior”  les pega: que no molesten, poder quedarse dentro de casa a escribir.

“Sábanas frescas, toallas limpias y papel membrete”, requiere tres o cuatro lecturas, cada quien cuenta lo que imagina: irse, dejar todo limpio y ordenado, no saber qué hacer, volver o no volver.

-A ella le gusta la lluvia- dice alguien.

Hablamos de la ciudad en la que escribe, los poemas de Laura son poemas urbanos – leemos Oí y enumeramos sobre lo que ella enumera-.

La naturaleza, el mar o el campo,  como un lugar de vacaciones, de descanso, pero siempre un poco extraño y con capacidad para volverse peligroso, oscuro.

Y así con cada poema, leer una o dos veces, demorarse en algo, preguntar -¿cuántos perros tuvo?, después de Cuando conocía a los perros.

A la vuelta del recreo les proponemos armar poemas con versos de Laura. 

Trabajan en grupo, van siguiendo distintos métodos: dejan caer al azar los versos, o los ordenan, los recortan, les escriben algo más, ponen títulos.

Después ofrecemos dos o tres versos para duplicar, triplicar. Tarjetitas que van circulando y vuelven escritas en lápiz. 

-Quiero leer, quiero leer, quiero leer... 

-Mirá lo que escribí, mirá lo que escribí, mirá lo que escribí...

Pilar apunta: - Entonces, cualquiera puede escribir poesía.

-Sí, pero da muuucho trabajo! –contesta Elvio.

Lecturas, fotografías, regalitos. Nos cuesta cerrar la hora, quieren más."

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