Alfonsina en Coronel Dorrego, por Laura Forchetti

El Programa Poesía en la Escuela, propone actividades previas a la realizaciòn del VIII Festival, esta vez se trata de talleres de lectura y escritura de poesìa a partir de la obra de la poeta suizo-argentina Alfonsina Storni.

De la mano de la poeta Laura Forchetti y de la profesora Mónica Strasser, esta semana se desarrolló este taller en el 3º B de la Escuela Media Nº 2, de Coronel Dorrego, Pcia. de Buenos Aires. 

Este es el relato que realiza Laura Forchetti de esta jornada:

Mundo de siete pozos, Alfonsina Storni.

"Para salir del espacio del aula, sin salir, Mónica giró mesas y sillas y habilitó mate y galletitas. La poesía marca su territorio con un dibujo circular, abierto y luminoso.
Mónica me presenta y yo presento el Festival, el proyecto Poesía en la escuela.
Conversamos un poco de poesía. Han estado leyendo y escribiendo, cuentan, muestran, leen o piden que alguien lea lo que escribieron. Aparecen libros de poesía y poemas en papelitos.
Una de las chicas dice: Leo, pero no entiendo. Nos detenemos en eso.

Escribo en el pizarrón la palabra METAFORA. Es extraña, aunque alguna vez la escucharon. Alguien dice: decir algo de otra manera. Por ahí vamos, empezamos a dar ejemplos.
Quiero mostrarles algo y que busquemos metáforas para eso.
Presento una cabeza de maniquí pintada de colores: la humana cabeza.
Globo terráqueo, pelota aplastada, una papa con ojos, huevo pensante, huevo que duerme.
Mundo de siete pozos –digo y presento a Alfonsina Storni.
Alguien escuchó ese nombre, saben algo: que fue una poeta argentina, que se tiró al mar.
Conversamos sobre Alfonsina. Les interesa especialmente su posición feminista, el lugar ganado en esos años como poeta mujer, cómo pudo vivir de su trabajo de escritora. Quieren saber por qué se suicidó.


Les cuento de su poesía, de su vanguardia: cómo se fue alejando de la rima, del verso tradicional, del tradicional poema de amor. Hablo de los antisonetos, de los poemas en prosa, de cómo objetos mínimos, cotidianos entraron en su poesía: un lápiz, una gallina, la televisión, el teléfono, el ojo, la cabeza humana.
Leemos Mundo de siete pozos, dos, tres veces. Leen las chicas y los chicos.
Luego vamos estrofa por estrofa deteniéndonos, conversando.
Invito a trabajar en grupo.
Reescribimos el poema, cada grupo una estrofa: ojos, orejas, nariz, boca.
Les gusta el trabajo, se miran los rostros para descubrir detalles, discuten los versos, cuál es la mejor palabra para decir lo que quieren decir. Vuelven al poema de A.S. para ir hilvanando el propio.
Mientras trabajan voy de mesa en mesa y me fascina ver los libros de Alfonsina al lado de sus teléfonos celulares, del mate, de sus colitas para el pelo, de sus uñas pintadas de azul, mezclados entre las mochilas y los cuadernos.



Siento la fuerza de sus poemas que llegan hasta aquí, esta mañana, su voz cercana, su ironía atravesando el tiempo, sus versos actuales, vivos para siempre.
Cuando van terminando la actividad, quieren algo más.
Reparto versos para poemas collage. Las dos horas son poco, estiramos hasta el recreo y nos robamos un ratito de la hora de matemáticas.
En la cabeza maniquí queda, como trazos sobre un mapa, la intervención al poema Mundo de siete pozos y la ronda de nombres de 3° B.

Gracias: Vicki, Giuliana, Lucila, Aldana, Valen, Valentín, Alexis, Leila, Juliana, Rocío, Julia, Florencia, Gabriela, Abril, Agustina, Rocío, Milena, Jazmín, Nicole, Lucía y Jacob.
¡Gracias Mónica Strasser!




Mundo de siete pozos (intervención)

Se balancea,
arriba, sobre el cuello,
el mundo de las siete puertas:
La humana cabeza...

Redonda, como dos planetas:
arde en su centro
el núcleo primero.
Ósea la corteza;
sobre ella el limo dérmico
sembrado
del bosque espeso de la cabellera.

Desde el núcleo,
en mareas
absolutas y azules,
asciende el agua de la mirada
y abre las suaves puertas
de los ojos como mares en la tierra.

Se notan algo empañados como un llanto
en la niebla.
Dos de los siete pozos, tan luminosos y brillantes,
ocultando un gran vacío bajo aquellas aguas
que poco a poco pierden su resplandor.

Y las otras dos puertas:
las antenas acurrucadas...
Esas orejas que escuchan
murmullos que no desean ser escuchados,
palabras que a veces parecen disfrazadas,
música de distintos colores y el ruido
del silencio que nos acompaña.

Y la montaña alzada
sobre la línea ecuatorial de la cabeza
nos trae
olor de flores en primavera,
olor a tierra mojada en los días de lluvia,
y sensación de olores en distintas personas.

Y el cráter de la boca
desde donde expulsamos palabras
llenas de sentimientos
o simples gestos.
Aire que ingresa al cuerpo
y llena el alma.
Un túnel oscuro donde
se ven reflejados 32 brillantes
estrellas
que a veces irradian felicidad
y otras ocultan tormentas.

Se balancea,
    arriba,
sobre el cuello,
el mundo de los siete pozos:
la humana cabeza.
  







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