Día13: Poetas sueltos en Isla Martín García (por Salvador Biedma)





No conocía la Isla Martín García. La tenía asociada en mi cabeza, por un lado, a las siglas YPF (regla mnemotécnica para recordar que ahí estuvieron presos Yrigoyen, Perón y Frondizi) y, por otro lado, a la crónica de Mariana Enriquez en "Alguien camina sobre tu tumba" y al cuento de Cristian Godoy en "Ruidos molestos". 
Este viaje implicaba, entonces, ir por primera vez a ese lugar y, al mismo tiempo, participar por primera vez en algo que siempre me había llamado la atención, aun antes de saber bien de qué se trataba: el Festival Poesía en la Escuela. 



Los chicos a la mañana estaban con otra actividad y tuvimos tiempo de recorrer la isla. A la tarde, después de almorzar, empezamos. Marisa habló primero, mencionó "la poesía como un derecho", leyó a Violeta Parra con la hermosa edición de la Universidad de Valparaíso entre sus manos. 


Flor leyó a Susana Thénon, con la potencia que retumba cada vez que "por qué grita esa mujer". Después, leyó poemas suyos, del libro "Resto". Yo leí un poema de Hilda Hilst que está basado en un verso de Pessoa ("Lo que vemos de las cosas son las cosas"), después leí el poema de Pessoa contando qué son los heterónimos y también poemas míos. 
Nadia había traído varios ejemplares de un libro de una poeta de Zárate, una poeta que tiene un kiosco, e hizo que los chicos leyeran con ella. Recitó de memoria dos poemas, una chica la miraba fascinadísima. 



Luego, nos dividimos en grupos. Marisa había pedido que cada uno fuese anotando las palabras que quisiera, que le interesasen, y escribimos a partir de esas palabras. Volvimos todos al salón comedor y entonces Lorena Pradal explicó cómo hacer grabados. 


En un rollo de papel de nueve metros los chicos usaron esa técnica. También dibujaron, escribieron y pegaron los textos que habían surgido antes. La despedida fue con facturas que preparó un vecino. 

Se notaba en todo momento la buena onda y la cercanía entre el director, los docentes y los chicos. Nos acompañaron en todo momento los ojos y la cámara atentísimos de Sergio, la cercanía cuidadosa de María Laura y los chistes y los datos sobre flora y fauna de Gabriel. 
Agradecidísimo nomás por el lujo de participar en una movida como ésta. Uno recibió infinidad de cosas que de a poco va digiriendo, ojalá haya podido al menos dejar un cachito de algo a cambio.

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